sábado, 17 de enero de 2026

AMIGOS FIELES

Durante el estudio semanal de las escrituras se nos enseña acerca de la relación del Profeta José Smith con algunas personas a las que calificó de amigos fieles. Nos relata José la importancia de estas personas, no sólo en su propia vida, sino también en el establecimiento del Reino de Dios en esta última dispensación y en la historia de la Iglesia de Jesucristo y, por lo tanto, en cierta manera, en nuestras propias vidas como Santos de los Últimos Días. 

Yo perdí a mi padre a una edad muy temprana, demasiado temprana diría yo. Era todavía un niño de 12 años, y a pesar de eso su figura siempre ha estado y está muy presente en mi vida. Reconozco con felicidad algunos rasgos que identifico como su herencia personal en mi. Uno de ellos es el valor de la amistad, de la amistad verdadera. El me decía "mi amiguiño", el título más hermoso al que puedo aspirar frente a quienes amo. 

Al hablar de amigos fieles no he podido evitar acordarme de mi padre y me sentía obligado a llevar a cabo con este simple mensaje, un acto de justicia reconociéndole a él, a mi padre, y agradeciendo a Dios por ello. 

Son los amigos fieles esos que nunca pierdes a pesar del tiempo y la distancia. Los que encuentran en las diferencias de opinión una deliciosa salsa que hace más sabrosa esa relación de amistad.  Son los amigos fieles los que están más allá de las circunstancias. Aunque muchas veces la vida nos impone una distancia que pocas veces tenemos la oportunidad de salvar para poder compartir abrazados las tristezas y/o las alegrías. En algún momento y de algún modo esas lágrimas de pesar o de gozo serán compartidas para regar con las mismas el eterno árbol de la amistad verdadera. 

Gracias, mi amigo fiel. 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

 ESA FÁBRICA DE SONRISAS. UN BÁLSAMO PARA EL ALMA.

Eso son, entre otras cosas, los nietos que llegan en ese momento tan especial, cuando estamos en lo que llaman el atardecer de la vida. Lo llenan todo de luz y de sonrisas. Pero esas sonrisas que sientes que salen del alma, auténtica felicidad.
Despejan cualquier sombra de tormenta y lo llenan todo de ilusión.
Nos permiten redimirnos de nuestras faltas como imperfectos criadores que hemos sido y en el momento en el que los años ya nos han enseñado la importancia de lo esencial frente a las urgencias de lo necesario.
Cada uno distinto, cada uno mejor y mejor y mejor.
Volver a sentir una manita pequeña en la tuya es algo que no tiene precio y te indica lo que verdaderamente importa en la vida.
Un abrazo suyo te hace sentir el hombre más rico del mundo. De hecho, nadie me podría convencer de lo contrario. Muy rico, si señor.



sábado, 22 de julio de 2023

 VIEJAS AMIGAS

La pequeña solo tiene tres añitos, su abuela algunos más, pero comparten un mismo brillo en los ojos que les hace parecer amigas de toda la vida. 

Tal como compañeras de pupitre, como si se hubieran ayudado mutuamente a subirse a los cerezos en verano, como si hubiesen compartido las confidencias de sus primeros amores.

Caminan juntas como si sus pasos fuesen paralelos desde que ambas nacieron... o antes. 

Sus destinos son inseparables aunque los accidentes de la vida pretendan separarlas. 

Esta amistad viene de mucho más allá, va mucho más allá. 

Si no fuese así, no podrían mirarse del modo en que lo hacen. 



sábado, 8 de julio de 2023

¡A LAS REBAJAS!

Una tarde de verano, sin aviso previo, me vi arrastrado, inocente, a un paseo que sonaba cotidiano, pero aun feliz. Sin saberlo, tenía un destino desconocido, imprevisto, impredecible. Me llevaron, a traición, a unos grandes almacenes cuyo nombre no me atrevo a pronunciar, para hacer unas compras aprovechando la época de rebajas. 

Cuando ya de camino me enteré del inesperado e inquietante destino el nerviosismo me atenazó y no alcancé a exponer ninguna excusa aceptable para poder librarme de tan tenebrosa tarea. No había remedio. 

Me sentía como un preso judío en su camino al forzado exilio en la tenebrosa Babolonia. Ni el más mínimo atisbo de clemencia en mi "Navuconodosora" particular. Mi destino estaba definitivamente sentenciado.

La seguí resignado y cabizbajo hasta entrar en el oscuro edificio lleno de luces y carteles y escaleras mecánicas y dependientas maquilladas de pies a cabeza tal como puertas lacadas. Guardias de seguridad que te miran desafiantes como diciendo:  "te veo, desdichado, mantente en silencio y supéralo". 

Su mano era fría, su mirada indiferente.
Subimos un par de plantas, me limitaba a seguir los pasos de mi mujer que impertérrita y con una leve e inquietante sonrisa se dirigía a perpetrar la tarea que sibilinamente me había ocultado todo el día sin darme la oportunidad de poder pergeñar una estrategia de evasión que me pudiera evitar tamaña tortura. 

Segunda planta, sección de señoras. Ahí me dejó abandonado a mi suerte, le hizo un giño a la señorita del vestido floreado que, amable, pero distante, me cogió de su mano que se sentía fría, como su mirada, sin mostrar la más mínima calidez que pudiera ayudar a mitigar mi amarga experiencia.

Perdía por momentos de vista a mi carcelera, se movía con gran agilidad y sigilo entre los innumerables percheros repletos de vestidos de todos los colores imaginables.

Se cruzaban ante mi muchas mujeres, casi todas emparejadas con otra mujer, la mayoría parecían ser parejas de madre e hija, bueno más bien de madre y abuela. 

Pude ver, con el alivio absurdo de no sentirme el único desdichado, a algún marido que seguía con rostro inexpresivo a su correspondiente "Navuconodosora". Un fugaz y tímido cruce de miradas con el que nos solidarizábamos mutuamente en nuestras penurias en esas mazmorras de la segunda planta del "corte babilónico" en esa tarde de infausto recuerdo. 

Mi pálida acompañante apenas levantaba la mirada. Ni un gesto de consuelo en los interminables minutos durante los que mi esposa me dejó a su cargo mientras abordaba la incompresible tarea de encontrar su tesoro en forma de veraniego tejido colorido. Pensé que podría estar ella también sufriendo por el saldo mostrado en el cartelito. 29'99 € es un humillante precio para mujer de tan hermoso talle. Coincido con ella. Humillante. Ese razonamiento pareció que hacía su tacto más cálido. 

Pasaban lentos e interminables los minutos en este inhóspito paraje. Parecía este tormento no tener fin. 

De repente mi guardiana me abordó por la espalda sin previo aviso y me dijo. ¡Ven! Y he aquí, que yo fui. ¡Que remedio! No me quería quedar sin el premio prometido si era bueno. Un buen chocolate con churros. 

Me pidió que me quedara a la puerta de un probador. Me despedí con una mirada amable de mi discreta acompañante provisional. Seguí a mi "conyuja" hasta la cortinita tras la que se introdujo. Esperé un poquito más. 

¡Chssss, chssss! llamó mi atención para que entrara. ¿Cual te gusta más? Me dice. ¿Este o este? Pffffff. Pues no sé. A ti te sienta bien cualquiera de los dos, contesté indulgente, intentando ganarme su favor. 
¿Pero cual me queda mejor? ¡Uuuuuy! esa es una peligrosa pregunta trampa. Por supuesto le dije que los dos le quedaban de maravilla. -¿Pero cual te gusta más? ¿El verde o el azulado? Cerré los ojos, crucé los dedos tras mi espalda y dije sin pensar: ¡El verde!

Por supuesto, se compró el azulado. 

Lo importante es que no tardó demasiado en pagar y pudimos salir. Podía volver a respirar aire puro y ver de nuevo el azul cielo sobre mi cabeza. Feliz y aliviado decidí cambiar mi premio de churros por un agua mineral con gas, con hielo y limón. 

La apuré con ganas hasta el último sorbito. Hasta le di un bocado al limón que me supo más dulce que nunca después de tan amarga experiencia. 

martes, 20 de septiembre de 2022

UNA CARA SUCIA

 A medida que los años van pasando voy mejorando mi capacidad de observación. 

Mi carácter impaciente e impulsivo me ha privado durante mi vida de disfrutar de muchos momentos que se me escurrieron de las manos sin ser quien de detenerlos, manosearlos, disfrutarlos. Vivirlos, en definitiva. 

Esta nueva escuela en la que me han matriculado mi dos nietos me está recordando el valor de la observación no invasiva. Algo que siempre aprecié, pero que no demasiadas veces he puesto en práctica. Y no por que no tuviera oportunidades. Mi vida ha sido, felizmente,  rica de estos momentos y muchos, demasiados, sin duda,  los dejé pasar sin haberles sacado todo el jugo que me hubiese alimentado el alma en un grado que siempre se necesita en el progreso vital de toda persona. 

Esta vez el master lo impartieron los dos pequeñajos jugando en el huerto de su casa. Vaya por delante mis disculpas a los papás a los que, con seguridad, la escena no les habría hecho tanta gracia como a mi dado el estropicio en el huerto que se estaba perpetrando durante el desarrollo de esta escena.  

Estaban sentados en la tierra, divirtiéndose sacando tierra de aquí, llevándola para allá... Subiendo, bajando. Corriendo, saltando, riendo, llorando, sangrando, abrazando, empujando, besando. Todo esto en un divino desorden lo suficientemente caótico como para trasladar al silente mirón a un mundo ideal.  Ese en el que no conjugan algunos verbos que solo utilizan los adultos en sus tristes batallas cotidianas. En ese pequeño espacio todo era felicidad. 

Miraba embelesado como interactuaban comunicándose ya con fluidez y con graciosa torpeza. Ese tipo de conversaciones en la que es permitido y hasta recomendado, mezclar churras con merinas. Esas conversaciones maravillosas en las que se relaciona el tocino con la velocidad de un modo inconcebiblemente razonable. Pero solo si el adulto (en este caso, yo) permanece en silencio, sin intervenir. Se perdería la magia que permite dar sentido a lo que para nosotros, los "mayores", ya no tenemos capacidad de entender del todo. Simplemente nos hace gracia en nuestra ignorancia desprovista ya de la inocencia necesaria para descifrar los códigos que manejan estas personitas en sus comunicaciones. 

Cuando vi la fotos que había robado de estos momentos me trasladé a unos tímidos recuerdos de mi infancia y solo cuanto estuve lo suficientemente imbuido en esos pensamientos recordé de mi propia niñez. 

Recordé, incluso, los momentos vividos con mis hijos que me confirmaban la certeza de la ecuación por la cual se desprende que la cantidad de porquería en las manos, en la cara, en las piernas, es directamente proporcional a la felicidad vivida.  

A veces nos empeñamos excesivamente en la pulcritud en el ámbito incorrecto. Nos empeñamos en ser pulcros en la apariencia y no tanto en la esencia. 

Ellos no. Se divierten sin preocuparse de las manchas, de los lamparones, de las uñas-mejillón, de las raspaduras, de las prisas, de las previsiones. 

Ellos no. Ellos juegan. 

¿No deberíamos acaso nosotros jugar, sin más? Ahora lo hacemos preocupados por ganar. O quizás con la única motivación de entrar en un pantalón en el que ya el botón y el ojal de la cintura se han divorciado definitivamente. 

Ellos no, ellos simplemente juegan. 

Se ensucian al mismo ritmo que lustran su alma y nos recuerdan como un día nuestro yo más íntimo estaba así de limpio. Con lamparones, raspaduras, chorros de porquería recorriendo nuestras piernas, uñas de luto. Y con el alma más limpia que nunca antes y, lamentablemente, jamás después. 




domingo, 19 de junio de 2022

JUNGLA LABORAL

Cumpliré durante el presente diez años desde que perdí mi empleo de toda la vida, súbitamente, sin ninguna razón real que lo justificara si exceptuamos la argumentada por la empresa de una necesidad económica amparada en ¡oh casualidad! nuevas leyes que nos dejaban más desprotegidos a los trabajadores, y lo que es más peligroso y finalmente en mi caso, letal, ante la arbitrariedad de un empresario, que como buen hombre de negocios español, la meritocracia y la justicia carecen de valor a considerar. En estos lares es mucho más importante el ser amigo de, o ser diestro en el arte del peloteo y del quedar bien con el codo apoyado en un barra de bar. Yo nunca fui muy bueno esto último y me ha costado muy caro, sin duda. 

Durante esta década de tránsito por la jungla laboral a la que me vi abocado he tenido aventuras laborales en cinco países distintos. Todas distintas, todas singulares, unas más duras que otras. Pero, eso si, todas enriquecedoras en diversos sentidos. 

Parte de mi rico legado de amistades en mi tránsito laboral en Reino Unido y Países Bajos. 

Si hay una línea clara y notoria de división es la diferencia que percibí a la hora de trabajar en mi propia tierra y hacerlo en el extranjero. No cabe la menor duda. Por mucho que me apene. En Reino Unido, Alemania o Países Bajos los empleadores valoran tu capacidad para afrontar con solvencia las tareas para las que te han contratado, nunca me he sentido prejuzgado por mi nacionalidad, raza, edad, género, religión o posición política. En mis años de trabajo en el extranjero nunca se me ha juzgado por otra cosa que no fuera mi desempeño profesional, ni siquiera fueron determinantes las titulaciones que uno posea previamente. He de decir que no me fue nada mal profesionalmente. Pude trabajar a pesar de mi edad y de la barrera del idioma. Ninguna de estas dos circunstancias me impidieron hacerlo exitosamente, lo cual me llevó siempre a un reconocimiento en forma de promoción profesional y de sentirme apreciado cuando, al dejar una empresa, se me pedían explicaciones del por qué y se me daban alternativas e incentivos para reconsiderar mi decisión de marcharme. Nunca me despidieron de ninguna empresa, siempre fue una decisión propia basada en mejora profesional o cuestiones relacionadas a la adaptación a las circunstancias personales que tienen que ver con la vida diaria en un país que no es el mío y, sobre todo, por estar lejos de los míos.  

Es bien distinta mi experiencia laboral en España, más concretamente en A Coruña, de donde soy nativo y en donde he pasado casi toda mi vida. 

Como resumen, estos últimos 12 meses en los que he tenido 8 contratos distintos en duración, garantías y horarios. Ninguna de esas condiciones estaban ligadas a mi rendimiento. Podría decir que el premio era el mismo si mi desempeño fuera óptimo, como si lo hubiera sido deficiente. Por si fuera poco, la hacienda pública penalizará mi inestabilidad y me hará pagar más impuestos por tener distintos pagadores, como si eso fuera un "lujo" por mi escogido. 

En estos últimos años he renunciado dos veces voluntariamente a un puesto de trabajo. La primera vez era debido a que el "empresario" esperaba que dedicara alrededor de 80 horas semanales a su negocio, justificando el exceso en un sobresueldo generoso, según él, claro. Llegué a la conclusión de que ganaba alrededor de 2 euros la hora. Aguanté tres meses. Alcancé cada mes el mínimo exigido de facturación, pero no acepté nunca el horario señalado. Este hombre de negocios, por llamarlo de algún modo, obviaba la necesidad que una persona tiene de vida propia, ocio y contacto familiar o social, lo cual no cabía en absoluto en esta fórmula en la que solo había espacio para el volante, la comida y el sueño. Me fui teniendo que oír reproches que insinuaban que, en realidad, yo no quería trabajar,  y como premio final me robó los incentivos del último mes. Y esta es una historia que repite constantemente en un sector tan reivindicativo como el del taxi. Si, esos mismos que bloquean las carreteras en defensas de derechos que niegan y pisotean a sus propios empleados. Todos lo saben, nadie hace nada por solucionarlo. La ilegalidad como forma de negocio. 

La otra vez que renuncié fue una corta aventura en el mundo comercial telefónico en el aguanté solo una semana. Por una parte fue por mi nulo instinto comercial, pero sobre todo por que los escrúpulos me impedían llevar a cabo una labor en la que sentía que cada llamada que realizaba era para engañar alguien para beneficio de una poderosa empresa. Con una sonrisa pedí la cuenta y me fui. Esa semana me había parecido un año. 

Por fin, obtuve un contrato indefinido este mismo año. ¡Indefinido! El primer contrato indefinido estos diez años. Bueno, así lo fue por increíble parezca, aun cuando esa indefinición durase dos meses. Despido inventado y a volver a empezar. Parece una broma, ¿verdad? Pues no, esta es la realidad en este país en pleno siglo XXI, en la próspera Europa de la que decimos ser parte. Se rien de nosotros. Después llegan las elecciones y se hace realidad el poderoso refrán gallego. "Mexan por nos e temos que decir que chove". Creo que no hace falta traducción. Pues eso. 

El resto de experiencias han sido buenas, todas ellas, unas me gustaban más otras menos o poco, pero con mi edad es difícil escoger. Aquí una persona mayor de 35 o 40 años está en proceso de desguace para los empleadores, en términos generales. Todas acabadas por lo mismo: fin de temporada. 

Y esa amarga sensación de ser tratado como mercancía barata es inevitable. 

Todo tiene que ver, a mi parecer, con esa vieja mentalidad de que lo mejor es tener un empleo para toda la vida. Hayas estudiado o no, seas diestro en ciencias o en letras, no hay nada mejor que un empleo para siempre en donde ahogues tus ansias por alcanzar un sueño que, muchas veces, no has querido ni llegar a soñar, vendiendo así tus ilusiones de hacer lo que verdaderamente te gusta o amas  a cambio de un sustento seguro que, quizás, no lo sea tanto como a mi me sucedió.

De estos diez años de frustrante lucha me quedo con lo mejor, que ha sido descubrir que soy mucho más capaz y mucho más fuerte de lo que me creía durante esas tres décadas de estabilidad. Y si he de lamentar algo, sin duda, es que ese despido no hubiera llegado diez o quince años antes. Si supiera entonces lo que hoy sé estoy seguro que hubiera sido yo el que me dirigiera a la puerta de salida. Faltaba coraje y más confianza en uno mismo.  

He aprendido más sobre mi y sobre la vida y el mundo en general en esta última década en los cuarenta años precedentes. He conocido lugares y, sobre todo, personas increíbles, tengo amigos en los cinco continentes a los que me encantaría, sin duda, volver a ver y abrazar,  aquí o allá. 

Si algo me ha ayudado a enriquecerme profesionalmente ha sido un despido arbitrario e injusto, que truncó una vocación, pero que me dio lugar a descubrir que el mundo es mucho más grande y hermoso si te atreves a soltar las manos de la barra que te ata al suelo, y volar. Quizás más incómodo, seguro que si, pero infinitamente más hermoso y enriquecedor.  



domingo, 15 de mayo de 2022

¡PORQUE SÍ!

Jugaba con mi nieto en el campo, un muchachito muy inquieto y vivo que va a cumplir pronto tres añitos. Siempre quiere participar cuando estamos haciendo alguna tarea, es curioso y tiene una sonrisa que me cautiva.

Me ayudaba a limpiar un enorme barreño y espontáneamente le dije que le quería mucho y le pregunté si él me quería a mi y rápidamente mirándome con sus enormes ojos me dijo que sí. Le pregunté que por qué me quería y sin levantar la mirada de la faena me contestó rápida y categóricamente: - ¡Porque sí!


No es que el rapaz meditara mucho la respuesta, incluso, para ser honesto,  diría que sonó a: !pero qué pesado eres, abuelo! ¿qué pregunta es esa? ¡Calla y sigue jugando conmigo!

Seguí sus instrucciones implícitas y nos divertimos compartiendo tareas juntos. 

No obstante no dejé de pensar en su espontáneo "porque sí". Y es que creo que en realidad cuando uno llega a querer de verdad, efectivamente, lo acaba haciendo porque sí. 

A unos los queremos por que los conocemos desde que nacemos, a otros los amamos como si hubiesen nacido con nosotros. Y a todos los que queremos de verdad, en realidad, los continuamos amando por la misma razón: Porque sí.

¿Se puede querer acaso con autenticidad si no se hace incondicionalmente? Yo creo que no. 

A las personas a las que quiero siempre en mi vida, a las que amo de verdad, llegado ese punto se les quiere por encima de cualquier atributo o requisito. No importa si no piensan como yo, no importa si no compartimos nuestras creencias, ideales, gustos, aficiones o si nos es conveniente o no estar unidos por ese lazo afectivo que nos enriquece mutuamente. Si el afecto es puro. Todo se supera. 

Tengo la fortuna de poder contar entre las personas a las que considero amigos, y por lo tanto, en gran medida amados, a una gran variedad de colores de caracteres, razas, ideologías y sensibilidades. 

Un famoso estudio realizado por el antropólogo Robin I. M. Dunbar dice, entre otras cosas, que los amigos verdaderos son abundante fuente de beneficios, aun más, afirma que son más provechosos que  una buena dieta u otros hábitos saludables. A mi parecer y por mi propia experiencia personal, así es. Pocas cosas más estimulantes que un abrazo sincero de alguien querido. Nada más estimulante que sentir el afecto desinteresado de un amigo. Pocas cosas más reconfortantes que recibir un abrazo sincero porque sí.

Pero cuando intento analizar las razones de por que este o el otro son personas tan importantes en mi vida puedo enumerar muchas razones por las que quiero a ese amigo o amiga cerca de mi, pero por encima de todas ellas, la que al final demuestra que se han convertido en fundamentales para ti es cuando concluyo que por encima de todo ya uno les quiere PORQUE SÍ. 




 

domingo, 17 de abril de 2022

UNA PRIMAVERA MÁS Y AHÍ ESTÁ ÉL.

 

Hoy, sin apenas habérmelo propuesto, he visto a un viejo amigo. Una de esos encuentros inesperados que, quizás, por no buscados, nos saben mejor. La sorpresa es un ingrediente que casi siempre endulza aun más los regalos que recibimos. O eso me parece a mi. 

Estas fotos las tomé hoy mismo en mi "casa" sin techo. 

Se trata de un viejísimo peral (me encantaría saber su edad, pero coqueto, él, o ella, no me la  acaba de confesar). Está en mi "casa" desde bastante antes de que yo llegara, en la puerta me recibe siempre con su porte elegante aunque a veces me parece triste. 

He de confesar que en más de una ocasión he pensado en eutanasiarlo, pero siempre ha habido algo dentro de mi que me lo ha impedido, que me decía que no. Temía que me cayera encima en el momento menos esperado. Pero lo respeté. 

Tiene un montón de heridas en su piel, muy profundas, que permiten ver sus entrañas ya ciertamente resecas que me hacían creer que su ciclo vital estaba ya finalizado. Su porte no es muy impresionante, sin duda, le cuesta mucho hacer crecer sus ramas. Pero ahí sigue, en pie. 

Descubrí con el tiempo que  esas grietas profundas de su tronco se habían convertido en el hogar de otras criaturas como este lagarto azul, algunos ratoncillos, arañas y ve tu a saber quien más.  

No podía dejar sin hogar a estas criaturas. No podía expulsar  de mi hogar al fiel guardian que me recibe resquebrajado pero regio a la entrada de mi hogar, ese cuyo techo se repinta nuevo cada día. 

¿No soy acaso, en muchos sentidos,  como este anciano peral? Me caigo,  me levanto. Me hieren, me curo. Y si hago mi parte la vida me da una oportunidad más, aun maltrecho, de seguir adelante, de una floración más para el disfrute del que quiera formar parte de mi historia. Logro en alguna manera seguir  albergando vida, alimentando los néctares de colmenas que ni conozco. En la flor de mi vida, al fin y al cabo, yo también he sido quien de dar buenos frutos. 

Felizmente no me han talado, todavía. 

A pesar de mi ignorancia, se me regala, como cada primavera, este regalo para mis ojos, para todos mis sentidos en verdad, haciéndome sentir un tanto miserable por haber considerado alguna vez su sentencia de muerte. 

De manos ajadas por el tiempo han nacido sinfonías, novelas, acuarelas, poemas, esculturas y otras obras eternas que han llenado de color y sentido la historia de la humanidad y hacen que cada día tengamos la fuerza de navegar las aguas de nuestras vidas en este mundo a pesar de tener que esquivar océanos gravemente contaminados por la necedad y la ambición desmedidas. 

Pero hoy mi viejo amigo, el peral, me ha dado otra lección de vida. Me ha regalado, a pesar de mi insignificancia,  con el brote de sus flores, una primavera más, la esperanza de que lo mejor está por llegar. 





sábado, 2 de abril de 2022

MAMÁ, ¿SOMOS RICOS?

Es este, sin duda, y no se exactamente por qué, uno de los momentos que mejor recuerdo de mi infancia. 

Yan ha pasado casi medio siglo desde que hice esa pregunta inocente y completamente sincera a mi madre mientras rebuscaba subido en la encimera de la vieja cocina en una alacena de mi casa algún dulce que podría haber sido o unas galletas "maría" o un par de onzas de chocolate "dolca", ese de un envoltorio que era, recuerdo,  de color marrón y amarillo.


Debió ser el aspecto bien surtido de la estantería de alimentos lo que me llenó de euforia, de un sentimiento de satisfacción al ver ante mi tantas cosas que me gustaban, tantas que me alimentaban a diario, que me giré hacia mi madre que estaba allí haciendo no se qué e hizo que le preguntara espontáneamente: 

- Mamá, ¿nosotros somos ricos, verdad?

- Me miró inmediatamente con una hermosa sonrisa, y al ver mis ojos abiertos y felices mirándola expectante por su respuesta, explotó en carcajadas que aún hoy llenan mi alma de alegría y agradecimiento por lo que ella y mi padre lograron para el niño que fui.

Crecí en una familia en la que mi madre era la ama de casa en toda la extensión de la palabra, mi padre trabajaba como administrador en un periódico local y compartía por entonces la vida con tres hermanas, una de ellas,  menor que yo. 

En comparación con el entorno y analizado en la distancia con los ojos de un adulto estábamos lejos, muy lejos de poder ser considerados como ricos, pero eso si, nunca eché en falta nada que me separara de un auténtico sentimiento de riqueza, de felicidad. Me sentía querido, tenía ropa cómoda que vestir y romper con facilidad, me divertía jugando en casa con mi hermanita pequeña y en la calle y en el cole con mis muchos amigos. 

Mi madre me daba rica comida que me gustaba comer. Mi padre me daba cariño, procuraba siempre enseñarme cosas de la vida, me inculcó principios tanto de palabra como por su ejemplo y me ayudaba a vivir experiencias. 

Corrían los finales de los 60 y la experiencia más tecnológica la recuerdo sin demasiado entusiasmo, cuando Papá nos reunió ante una vieja televisión de blanco y negro, en la que yo era el mando a distancia,  para ver unas difusas imágenes de unos hombres raros que,  decían, habían llegado a la luna. Tan grande acontecimiento anunciado por mi padre me importó un pito, mi planeta feliz era ese que pisaba cada día al despertarme. 

Me importaba mucho más jugar con mi hermana, a peleas a poder ser, aunque a ella le molestara mucho, salir a la calle a jugar con mis amigos a hacer el burro y de vez en cuando llegar a casa con heridas sangrantes que mi madre me curaba con desesperación y a veces con aburrimiento. Mis toscos sistemas de juegos callejeros en lo que las raspaduras, pedradas y cortes eran bastante comunes aderezos de mis entretenimientos infantiles entre los que, de vez en cuando, no faltaban alguna pelea con esos queridos amigos con los que era tan fácil perdonar y pasar del tortazo al abrazo en instantes. 

Curiosamente la vida me trajo a vivir a ese mismo barrio del que había salido décadas atrás. La cantera en la que jugaba peligrosamente a pedradas ya no existe, ahora hay un enorme edificio de piedra en su lugar. Ya no hay descampados, ya no se ven niños jugando, resulta mucho más difícil oír y sentir la felicidad que entonces se percibía con facilidad al caminar estas mismas calles. 

Hoy, mis alacenas son más grandes y no parecen rebosar como entonces a pesar de contener mucha más variedad y mucha más cantidad. Hoy se diseñan las alacenas para que sintamos que nunca se pueden llenar, para que nunca dejemos de comprar, para que la satisfacción nunca detenga nuestra ansia por adquirir más y más. 

Hoy se hacen las calles en las que no hay sitio para que los niños bajen solos y jueguen y se arañen y se peleen para que sus mamás al llegar a casa a la hora de la cena, le pongan un par tiritas al mismo tiempo que le tiran de las orejas mientras le gritan: ¡me matas a sustos!

Hoy se hacen las teles enormes para que parezca más pequeño todo lo que nos rodea. Parecen diseñarse los noticieros  para distraernos de tantas cosas grandes, buenas y hermosas que nos rodean. Parece que no esté bien sentirse rico teniendo mucho menos que los multimillonarios de yate y avión privado.  No soportan que seamos felices encontrando un para de onzas de chocolate en nuestra pequeña alacena para irnos felices a dormir cada noche. 

Con el discurrir de los años, con la madurez instalada en mi vida, tengo  la inmensa fortuna de sentir que le podría preguntar a mi madre de nuevo si soy rico. Y no lo haría por tener mucho chocolate almacenado, ni por tener un coche mucho mayor que el que mi padre tenía, ni por tener una casa más grande ni una tele enorme, a todo color, con un verdadero mando a distancia. No, ahora le podría contestar a mi madre esa misma pregunta hecha hace casi 50 años. 

Si, mamá, si que soy rico. Muchas gracias por enseñarme que la felicidad no la proporciona la despensa llena, sino un corazón colmado de lo auténticamente necesario: todo eso que mi madre, mi padre, mis hermanas y mis amigos me daban entonces. 

Hoy mi compañera, mis hijos y mis amigos siguen proporcionándome razones para mirar al cielo y decir: 

- si, mamá, si que éramos ricos. Y lo sigo siendo.





viernes, 11 de marzo de 2022

ABUELOS (aitites)

Ahora que estoy luchando por superar mi larga adicción a los dulces, a las chucherías, a las grasas y al azúcar en general llegan estos dos. 

El mejor placebo que llene mi ansia de tanta dulcería. Cambiar la gominolas por las tiernas babas de estos dos locos bajitos me está ayudando sobre manera a superar mi reto titánico contra las "larpeiradas" y las comidas fáciles. 

Sus manitos en mi rostro son el mejor electroshok para tanta convulsión provocada por la abstinencia de azúcares en mis venas. No son sangre de mi sangre, pero sin duda se han convertido en el corazón de mi corazón. Cosa curiosa. 


Había leído mucho sobre la "abuelidad", sin duda me ilusionaba, pero disfrutarla es una de las cosas más deliciosas que tengo en mi vida. 

Han llegado a mi por caminos que jamás habría podido sospechar y han rebosado mi alma de manera impensable. Esa sensación sublime de ser padre, de ser el causante de una vida, que en si misma es una idea no del todo comprensible, se torna aún más misteriosa cuando tomas en tus manos a un ser diminuto que proyecta una sombra de felicidad inmensa que parece llenarlo todo. 

Yo que soy más gallego que el pulpo á feira pues resulta que ahora me llaman "Aitite" ya que la tradición familiar de la abuela lo impregna así. Ahora además ella les enseña a los dos a llamarme "Aitite Pacucho" que es sin duda el título más tierno que jamás pude imaginar. Se aúnan en esas do palabra lo más dulce de las tradiciones familiares del abuelo y la abuela, del aitite y la amama. 

En este hogar ya nos volvemos a tropezar con juguetes en el pasillo o podemos encontrar chupetes en la nevera. Los pequeños han revolucionado con sus gritos, risas, llantos y carreras este hogar que había estado en estado casi de letargo por el período de nido vacío y por las penurias de la emigración forzada. Gracias a ellos hemos vuelto a disfrutar de una feliz navidad a pesar de loso pesares, a pesar de las ausencias, nuestros nietos lo llenan todo de alegría genuina.

Estos locos bajitos me han retirado, sin saberlo, mi visado para emigrar nunca más. Y ahora como buen abuelo cuando nos llegan torcidas las cosas, me empeño en el "¡malo será!".

Tienen ahora dos añitos, ya cerca de los tres, esta edad tan maravillosa como impredecible. Nos regalan con sus ojitos llenos de vida y curiosidad las ganas de volver a descubrir con ellos, nos hacen olvidar las ciáticas y la falta de aceite en las articulaciones y ahí nos vemos en el suelo tirados con ellos encima, al lado, por todas partes y añorando el clímax súmmum de la hora de su siesta. De poder tenerlos en nuestros brazos con los ojos cerraditos. ¡Qué paz! 

Momento este perfecto para ensoñarnos a su lado pensando en lo que como padre pude haber hecho y no hice. Y se me agolpan en mi mente mil razones para pedir perdón a mis propios hijos por no haber hecho mejor mi trabajo de padre. Y de vez en cuando, claro, una sonrisa que me abraza cálidamente la memoria al traer momentos semejantes vividos como papá.

Son pues también esa maravillosa segunda oportunidad que nos da la vida de centrarnos en lo esencial por encima de lo importante. De gozar la vida por vivir antes de las luchas por sobrevivir.  De disfrutar con calma una vez que aprendimos, por fin, que las prisas no eran buenas, tal como nos enseñaban nuestros propios abuelos. 

Los años nos quitan muchas cosas, pero nos dan muchas más y son los nietos ese lienzo que se nos presenta en blanco de nuevo para enderezar los trazos que en su momento no supimos dibujar con acierto, aunque si, siempre, con la mejor intención y con lo mejor que entonces teníamos a nuestro alcance. 

Me dejó perplejo el pequeñajo que al llegar a casa me espetó mientras me sacaba la chaqueta: 

- ¿qué tal el "tabajo", aitite?

Lo estrujé en mis brazos mientras disimulaba las lágrimas que irremediablemente me brotaron al recordar cuantos dulces saludos de este tipo he extrañado durante mi vida.  

- Pues el "tabajo" mejor que nunca "meu filliño".

jueves, 17 de febrero de 2022

OCASION ESTRELLA

Imagino al verle como un regalo este agradable sol invernal y supongo que habrá sido la "ocasión estrella" de esta persona que duerme al calor de esta brillante mañana de enero bajo el umbral de un viejo negocio de automóviles de lujo que, como muchos otros, ha dejado de ser. 

Imagino que en el sueño del durmiente habrá también mil historias felices que se truncaron por razones que, posiblemente,  ni el soñador conozca con certeza. 

Imaginé una vida feliz, una cálida cama, un maternal beso antes de conciliar el sueño que serían ahora para él o para ella su "ocasión estrella" perdida. 

Imaginando que alguien o algo tapió, como a esta puerta que ya no es,  el futuro del yacente vagabundo impidiendo inmisericorde la oportunidad de rectificar, de volver a empezar, de pedir perdón, de ser perdonado, de rehacerse desde sus pedazos. En estos tiempos condenamos, tapiamos, a perpetuidad con demasiada facilidad.  

Imaginará, soñando, quizás un reencuentro, un golpe de suerte, un cambio repentino en los vientos que alejen la tormenta que le ha llevado hasta este lecho de esterilla sucia, raídas mantas y bolsas llenas de las miserias hasta este lugar bajo una "ocasión estrella" ya apagada. 

¡Imagina que sucede! 

Imaginé que sucedía, que el sol de esta mañana no se nublaría ya nunca más bajo un abrazo con el que está soñando se hiciera realidad, haciendo que la "ocasión estrella" en su vida nunca más se volverá a  velar.

Imaginar es fácil a veces, pero frecuentemente imaginar puede quemarnos como al acercarnos demasiado a la incandescencia de una estrella que se fue, como en ciertas ocasiones,  para no volver jamás. 

jueves, 3 de junio de 2021

VACUNADO

Ayer recibí la segunda dosis de la vacuna contra el covid-19. Mucho antes de lo que yo esperaba y que me deja un poso de esperanza de que las cosas vayan a mejor a partir de ahora.

Certificado de Vacunación del Covid-19

Me llamó la atención muy positivamente la buena organización tanto la primera vez, hace exactamente tres semanas, como esta segunda que supuestamente completa una protección eficaz contra el famosísimo virus que tanto ha sacudido y sacude las vidas de todos los habitantes de nuestro planeta. Resultó para mi llamativo también no solo la eficacia en el proceso sino la amabilidad de todo el personal tanto de seguridad como el administrativo y el sanitario. A mi parecer impecable por la paciencia con la que atendían a un sin parar de personas que íbamos desfilando por el enorme edificio que acoge la vacunación en A Coruña. Unos van más preparados o más despistados, pero no vi en ningún momento una mala cara de nadie de los que manejaban el largo procedimiento y me imagino que ha de ser muy cansado pues el goteo de personas es continuo. El pinchazo casi imperceptible me sorprendió también muy gratamente. Las agujas nunca me han resultado simpáticas. 

Otro aspecto positivo de la experiencia es reconocer a algunos viejos conocidos de la infancia a los que no veía hace muchísimo tiempo y bueno, pensaba que, comparando, me podrían haber ido peor las cosas. Al menos en lo evidente. 

Los vacunados también participan muy cívicamente en el proceso. Nadie tenía que pedir distancias por que todos las guardábamos respetuosamente. Colas muy largas muy ordenadas que hacían mucho más llevadero el tiempo de espera, tanto antes de entrar, durante el proceso de vacunación y al final para esperar esos quince minutos de espera preventiva y en la expedición de ese certificado de vacunación que no tengo claro para que lo podamos necesitar en el futuro. 

Los vacunados durante la espera preventiva de 15 minutos

Un tablón a la salida en la que algunos expresábamos agradecimiento por el trato recibido y por el esfuerzo del sector sanitario durante la pandemia. Creo que estos detalles nunca están de más. 

Viendo todo esto yo pensaba: - ¡Qué buen rebaño si tuviéramos buenos pastores!

¿Y ahora qué? Ya se supone que estoy inmunizado, pero esto no acabó del todo, no hasta que la mayoría de la población esté vacunada ya que este tratamiento está siendo eficaz en la gravedad de la enfermedad, pero no ataja el enorme problema de contagio para aquellos que aún no recibieron la famosa inyección o inyecciones, que de momento son la mayoría. No hay que olvidarlo.

Lo que si me parece es que esto supone esa luz al final del largo túnel de la pandemia en nuestro país. 

Un túnel que nos dejó a muchos más solos a otros más débiles, a otros sin empleo, a otros sin negocio, a otros sin esperanza, pero también a otros más fuertes. De las crisis, dicen, se sale fortalecido o no se sale. Veremos.

Un túnel en el que se mostró la cara noble de la población aceptando confinamientos, cierres, toques de queda, restricciones y amordazamientos interminables con esas mascarilla que a muchos nos agobian sobremanera. Me enseñó que somos una sociedad cívica en general. En muchos de mis paseos en bici o caminando por el bosque me asombró como todos con los que uno se cruza se cuidan de ponerse la mascarilla antes de llegar a una distancia corta, sin excepciones. Quizás no sea una medida muy eficaz, no lo se, pero sin duda es una muestra de respeto hacia los demás. Me ha parecido un comportamiento ejemplar el de la población en general. Otro cantar es la actitud irresponsable de los pocos de siempre que haciendo gala de un egoísmo bañado en idiotez ponen en peligro los esfuerzos de la mayoría.

También ha quedado de manifiesto, muy lamentablemente, que la clase política de este país, en términos generales está mucho más ocupada en sus propios intereses partidistas y particulares que en el interés general de la población a quien dicen representar, pues nunca han sido capaces de echar a un lado sus diferencias para hacer frente común a la crisis más profunda desde que somos una democracia (dicen).  

Los dirigentes internacionales deberían poner más empeño en que TODOS recibamos este tratamiento lo antes posible, sin distinción de nacionalidad. Pero me temo que los intereses económicos pesan mucho más que los sanitarios. Siguen negando la evidencia de que la globalización ha hecho ya una realidad por la cual un estornudo en Sudán puede contagiar a 35 daneses, 126 canadienses, 14 españoles o 34 japoneses. Así nos seguirá yendo. 





lunes, 1 de febrero de 2021

PUNTO Y APARTE

 Hasta aquí ha llegado esta breve, pero intensa etapa en mi vida. Hay viajes que en los que uno no se maneja con seguridad sin un buen copiloto al lado. 

Regreso a casa. 

Mi etapa en los Países Bajos, a pesar de todo, se puede considerar muy positiva. He alcanzado los objetivos profesionales que buscaba y aunque los planes se pintaban a más largo plazo, el paso de los días ha mermado mi capacidad de resistencia ante la intemperie que sufre con especial rigor el caminante solitario y entendí que lo mejor era darse media vuelta. 

Un viaje de vuelta de contrastes. 

Dejo un entorno profesional en el que en pocos meses he logrado en un país nuevo para mi una reputación profesional reconocida y expresada por mis contratadores que ya quisiera encontrar en mi país. Me llamó poderosamente la atención que al anunciar a la empresa que me iba, el máximo responsable de la misma me llame para interesarse por las razones de mi salida, expresar su pesar por dejar de tenerme en su plantilla, en la que se me había ofreció un contrato indefinido,  y me dejó la puerta abierta para un hipotético retorno deseándome suerte en mi regreso a casa. Yo ni siquiera sabía que este hombre del despacho grande del piso de arriba supiera quien soy. Pero parece ser que si sabía quien era y lo que hacía cada día en la empresa que dirige. Es de agradecer. 

El afecto de mis compañeros al despedirse me resultó sobrecogedor y  hizo un poco más complicada mi salida. ¿A quién no le gusta sentirse apreciado? 

Este tiempo en estos Países Bajos y, por cierto, fríos, me resultó difícil de transitar cuando el invierno pareció bajar una persiana que me hacía sentir que vivía en permanente penumbra y que hizo más complicado el día a día. 

Nada de todo esto hubiera sido posible sin mis ángeles de la guarda neerlandeses, que me hicieron sentir que viajaba en limusina en vez de hacerlo en un vehículo de trabajo. Hacia estos no encuentro suficientes palabras para expresar un agradecimiento que hacia ellos ya es eterno e indeleble en mi corazón. Son mi familia en los Países Bajos. Sin ellos me hubiera congelado.

-El regalo de despedida de mi Familia Neerlandesa-

Soy consciente de que regreso en el peor momento a casa en lo que a trabajo se refiere. España está hecha girones y se aprecia con más claridad si cabe desde el balcón de la emigración. Voy de un escenario en el que uno se siente útil, y hasta necesario, profesionalmente, a otro en el que he de abrirme paso en una selva en la que los mayores de 50 somos invisibles a los empleadores y en donde la experiencia, que es mi mayor valor, no es considerada. Pero lo tengo que intentar de nuevo por que hay cosas que son muy importantes, pero hay otras que son imprescindibles. 

Lo intentaré de nuevo y de un modo u otro lo voy a conseguir. El tiempo dirá como. 

No hay conquistas imposibles cuando la fe calza tus pasos. 




martes, 19 de enero de 2021

HERMANA

Nací y crecí rodeado de chicas. Tengo tres hermanas, dos mayores que yo y una más joven. 

Estos días mi hermana pequeña estaba de cumpleaños. Esta celebración hizo rescatar de mi memoria muchos momentos de mi vida a su lado. Hay muchísimos y muy buenos.

Nos llevamos tres años de edad y es con quien he compartido mi infancia. La recuerdo de siempre más madura que yo y desde bien pequeños fuimos compañeros de juegos y peleas, muchas peleas, peleas muy divertidas, sobre todo para mi. Era una niña mucho más responsable que yo y cuando estaba ocupada con sus tareas escolares yo me aburría por que las mías, misteriosamente, se finalizaban muy rápidamente, muy frecuentemente, antes de comenzarlas. Y claro, no me gustaba esperar para jugar con ella, asique buscaba la manera de interrumpir su estudio de alguna manera, casi siempre con burdas provocaciones hasta que conseguía desquiciarla y entonces venía lo más divertido: la persecución casera que en numerosas ocasiones acababa a escobazos. Pocas cosas me hacían reír más que eso. Por entonces el mango de las escobas (afortunadamente para mi) estaba hecho con una débil caña y se rompían con facilidad en mi espalda. ¡Cuantas pagas semanales se fueron en comprar una nueva escoba a mamá! Ella pagaba por romperla y yo por la provocación. 




Juntos crecimos, exploramos juntos, nos reímos juntos, jugábamos juntos y compartimos todo. Lo bueno y lo malo. Lo divertido y lo doloroso. 

Pasaron los años, muchos años. Y la vida, aunque nos llevó por caminos diferentes y, por etapas, muy distantes, nunca dejamos de estar cerca, muy cerca el uno del otro. Y eso es estupendo. Me hace sentir afortunado.

Somos bastante distintos, pero las diferencias nunca fueron suficientes para superar nuestra lealtad mutua. La relación con mi hermana pequeña representa lo mas hermoso de la familia: la lealtad. No necesitamos opinar, entender o ver las cosas del mismo modo para sentirnos cerca el uno del otro y querernos. Ni siquiera teníamos que querernos del mismo modo. Ella para mi está siempre ahí y yo estoy para ella (espero que así lo sienta también).

La relación con mi hermanita representa mucho para mi, precisamente por que nuestras diferencias nunca han podido con nuestro amor fraternal, nunca. Pasamos momentos muy duros en nuestras vidas y eso, pienso, nos ha unido aún más. 

Ella es mi amiga, por que está siempre que la necesito. Aunque no siempre nos entendamos.  Nunca, jamás, me ha dado la espalda y eso tiene un valor infinito. ¿De cuantas personas uno puede decir eso? No importa que no compartamos nuestra visión de las cosas y de la vida. Sabemos que estamos ahí y aunque no nos guste lo que hace el otro, antes de juzgar, nos apoyamos y eso es lo más valioso que uno puede encontrar en otra persona. Sea esta tu hermana, tu amigo, tu esposa, tu hijo, tu nieto, tu colega.  Esa es la verdadera amistad. Eso representa para mi lo más importante en la vida: "no te entiendo, pero aquí me tienes."

Quien no sabe ser leal terminará más tarde o más temprano viviendo en soledad. Mi hermana, en lo que a mi se refiere, nunca estará sola. Yo sé que tampoco ella me dejará solo nunca. Esto me hace hoy tremendamente feliz. 

Gracias, mi hermanita del alma, que cumplas muchos más.  

martes, 5 de enero de 2021

VIENEN LOS REYES MAGOS!!!!!

Esta noche, la que precede a la madrugada del día 6 de enero es la más recordada de mi infancia y, supongo, la de muchos de vosotros. 



Hay algo que cambió en mi vida para siempre esa mañana de los últimos días de diciembre cuando, sin querer, descubrí unas cajas con juguetes en lo alto del armario en la habitación de mis padres. Recuerdo que fui a coger la escalera para cerciorarme de que, terriblemente, ese descubrimiento suponía la confirmación de las conspiranóicas teorías que mis amiguetes hacía tiempo me soplaban. ¡Los Reyes Magos eran nuestros padres! 

Mi torre de naipes de la ilusión infantil se derrumbaba definitivamente ante mis ojos para no volver a ser construida nunca jamás al mismo tiempo que subido al techo del armario comprobaba que efectivamente, eran los juguetes que se suponía tenían que llegar a mi casa en camello unos días después. Qué mazazo.

Subió un niño los peldaños de la escalera y los bajó un preadolescente confundido. ¿En qué más nos han engañado?

¿Será que mi padre no era el hombre más fuerte del mundo? ¿las verduras realmente serán sanas? ¿será la cigüeña la que trae a los bebés? ¿realmente mi abuela podía sacarme y ponerme la nariz con sus dedos sin que me doliera o era otro engaño más?

No tengo demasiados recuerdos, de esos días,  pero si tengo la clara sensación de que todo cambió muy rápido desde que desenmascaré a los reyes magos, hasta creo que este chasco me hizo un republicano empedernido. 

Las cosas ya no eran del mismo color. Antes todo era blanco, rojo, azul, verde... ahora ya hay colores pasteles, blancos rotos y rojos marengos. Mucho más complicado, todo es mucho más complicado desde entonces. 

Eran los Reyes de este año muy esperados, ya que eran los primeros como abuelos, pero la pandemia los chafó en todos los sentidos.

¿Quién me iba a decir a mi que en la primera oportunidad de volver a  subirme a esa escalera para recuperar del techo del armario de mis padres esa ilusión que allí se me había quedado hace casi medio siglo la he de posponer al menos un añito más por pillarme emigrado y pandémico perdido?

Cosas de la vida. Que por otra parte, sigue adelante. Tendré que esperar un año más con esa ansiedad llena de ilusión propia de una noche como esta, para buscar en el techo del armario de mis padres esa niñez que en cierta medida ahora me devuelven un par de locos bajitos.




viernes, 25 de diciembre de 2020

NO ESTOY SOLO

 El contenido de una conversación que te deja tocado, que te descoloca, que te hunde podría decir. No hay discusión, simplemente te rompe, te desilusiona seguramente más por no entenderlo que por la contrariedad en si misma.

Esa noche el run run en tu cabeza no te deja dormir bien, das más vueltas de lo habitual en la cama y te despiertas con el corazón en un puño varias veces. No descansas.

Te levantas, vas a trabajar y durante todo el trayecto le sigues dando vueltas. 

Estás en plena faena pero estás más en otro lugar, en ese campo de batalla mental que supone a veces lidiar con las decepciones. El desasosiego casi se convierte en angustia. No dejas de rumiar la decepción.

Mientras acaba un pedido de los muchos que hago cada día sentí como si alguien me pusiera sobre mi espalda una cálida manta que con gentileza disipa la humildad y el frío de la intemperie recién llegado al hogar.  Una reconfortante sensación como la del abrazo consolador de una madre. Me invadió una paz que no soy capaz de describir y me pareció oír una suave voz que me susurraba con dulzura y seguridad: "no te preocupes, déjalo estar, en su momento todo se resolverá para bien."

Y ya.

Desapareció la angustia, la desilusión, el enfado, la amarga contrariedad. En su lugar esa paz que me llenó desde los pies a la cabeza y esa calidez en el pecho de sentir que no hay de qué preocuparse. 

No estoy solo.




viernes, 27 de noviembre de 2020

DEL AGRADECIMIENTO

Poderosamente me han recordado recientemente la importancia del agradecimiento. He pasado estos últimos días dándole vueltas en mi cabeza a todo aquello por lo que me siento agradecido y he de confesar que me he sentido felizmente abrumado por tantas cosas buenas que he de agradecer en mi vida. 

Russel M. Ballard dijo: "es mucho mejor contar nuestras bendiciones que contar nuestros problemas." 

Intenté compartir estos sentimientos y cada vez que me ponía ante el teclado no sabía por donde empezar. Tras muchos borradores desechados, el insomnio de esta noche me ha impulsado a compartir lo que considero más determinante en mi vida. 

La irrupción de la figura de JESUCRISTO en mi existencia ha supuesto una absoluta revolución. No fue repentina. No tuve la capacidad de asimilar sus enseñanzas en poco tiempo, su influencia ha sido gradual y no exenta de altibajos, algunos de ellos asombrosamente pronunciados. 


Gracias a las enseñanzas y ejemplo de Jesús mi vida se ha transformado. Desde mi adolescencia hasta el día de hoy. Mi cercanía o distanciamiento de los principios que este hombre único enseña ha determinado enormemente mis vivencias. Puedo decir que Jesús es hoy mi gran amigo. 

He sido mejor hijo, mejor padre y ahora mejor abuelo cuando vivo auténticamente aquello en lo que creo.  Soy mejor esposo, mejor amigo, mejor compañero cuando acierto a acercarme al modelo que Cristo me enseña. 

Hoy puedo decir sin temor a engaño alguno que mi vida es mejor y más fructífera en la misma medida que tengo éxito a vivir los principios de Cristo. 

Soy lo que soy gracias al  milagroso poder transformador de estas enseñanzas. Cada día que me levanto siento y expreso agradecimiento por la oportunidad que tengo de vivir y por el deseo de parecerme más al modelo establecido por mis creencias. 

Es mucho más que una cuestión religiosa, mucho más allá de una iglesia, de un libro sagrado. Es infinitamente  más. Se trata de afrontar cada día con la intención de vivir como Él nos enseñó a vivir. Y no es que yo sea una persona de gran fe, no. Simplemente, a lo largo de estos más de cuarenta años desde que conocí sus enseñanzas, he aprendido que mi felicidad va en ello. 

Es mejor el mundo que me rodea cuando vivo como Él enseña a vivir. 

Ser cristiano no me hace mejor que nadie que no lo sea. Es más, conozco personas que sin compartir mi fe me dan lecciones de cristianismo con su ejemplo, del cual intento aprender. Puedo decir que tengo amigos que se proclaman ateos y que son mejores cristianos que yo, ya lo creo que si. También intento mejorar inspirándome en estos. 

Nadie es mejor por creer en algo o alguien si no vive de un modo cabal los principios que proclama. 

Solo quiero expresar hoy mi gratitud por la vida, enseñanzas y sacrificio eterno de mi salvador Jesucristo. Ha llenado mi vida de luz, ha iluminado esos rincones oscuros en mi personalidad, ha transformado mi manera de ver el mundo y de entender la vida. Y me recuerda que aún queda mucho, muchísimo por hacer, por mejorar. 

Mi compañera, mi amiga, mi amor, ha creído en mi más que yo mismo, por que ella siempre ha entendido  a Cristo mejor que yo. Su mano fue la mano del Salvador en mi vida. A ella nunca le podré agradecer suficiente. Su fe en mi fue una expresión del amor puro de Cristo. 

He buscado en muchas fuentes, nunca he sido una persona conformista, pero ninguna me ha saciado como esta que me da agua de vida en la que ahogo mis momentos de desesperanza y donde encuentro consuelo diario y fuerzas para seguir y disfrutar del camino independientemente de lo difícil que pueda llegar a ser. Esta fe es una poderosa fuente de felicidad y esperanza.

Soy mejor gracias a Cristo. #dagracias  


domingo, 15 de noviembre de 2020

SINTERKLAAS

 Pues resulta que por estos lares en los que me encuentro ahora tienen una curiosa costumbre por estas fechas y que está muy curiosamente relacionada con mi país de origen, España. 

Parece ser que un tal Nicolás de Myra, un personaje que nació a finales del siglo III (d.C.) en Anatolia, Turquía en tiempos de ocupación romana, por lo que era este un ciudadano de la Roma imperial, llegó a ser Obispo de Myra. Sus restos están en Bari (Italia). Fué beatificado y santificado en su momento por el Papa de Roma y su onomástica es el 6 de diciembre. Tal día se ha convertido en una fecha muy marcada en los Países Bajos, especialmente para los niños. Lo declararon también "Santo patrón de los niños" debido al milagro que la tradición dice llevó a cabo este hombre al encontrar a tres niños asesinados por un posadero en el norte de Francia y apiadándose de tales inocentes criaturas las devolvió a la vida. Hay otras leyendas en las que se atribuyen otras milagrosas intervenciones en favor siempre de infantes.

SINTERKLAAS con su caballo con el que recorre el país repartiendo regalos a los niños.

Hay documentación de esta celebración desde el siglo XIV nada más y nada menos. Siempre relacionada con los niños, a los que se premiaba con regalos en forma de alimentos, dinero, ropa, hasta llegar a la actualidad en la que, sobre todo, se agasaja abundantemente con dulces.

A finales de la Edad Media se crearon los mercados de San Nicolás y se hizo famoso ya por entonces el hombre  de pan de jengibre como regalo característico. Se utilizaba este presente como una forma de cortejo ya que a "Sint-Nicolaas" también se le atribuyen poderes emparejadores. "Hijlickmaker" (agente matrimonial). 

Es este un país dividido entre católicos y protestantes y estas celebraciones provocaron fricciones entre ambas comunidades en las que los segundos en sus zonas de influencia condenaron esta celebración por considerarla supersticion católica, llegando a estar prohibido en algunos lugares. Hasta el famoso Martín Lutero manifestó cierta oposición a esta costumbre. 

Incluso se puede decir, al menos por aquí se sostiene con tesón, que es origen del famoso Santa Claus norteamericano. Los Neerlandeses fundaron la actual Nueva York (originalmente Nueva Amsterdam)  en donde instauraron esta festividad que fue evolucionando hasta lo que es hoy la potente tradición de Santa Claus y Papá Noel.

El caso es que hoy en día es todo un acontecimiento nacional que ya comenzó hace unos días, cuando San Nicolás, según la tradición, sale de España a donde va a aprovisionarse de los regalos (originalmente naranjas) y, ¡¡¡¡¡ojo, desde Madrid sale en barco hacia los Países Bajos!!!!! Singular periplo cubierto puntualmente por los informativos holandeses manteniendo informados a diario a los niños que ansiosos esperan que llegue a sus casas con sus deseados regalos.

Sinterklaas, por supuesto, no puede hacer esta inmensa labor solo. Le acompañan los "piets", más concretamente los "zwarte piet" (Pedrito el negro), unos pajes-bufones que en medio de travesuras ayudan a San Nicolás a llegar a cada hogar con los presentes. 

El antes y después de los "Piets" evitando los agravios racistas de los que les acusaba.

Estos personajes en los últimos años causaron una gran polémica por ser considerada esta una tradición racista ya que eran siempre interpretados por blancos pintados de negros con rojos labios. Se optó por transformarlos por blancos con las caras tiznadas por el carbón con el que alimentaban el barco de vapor con el que el Santo llegaba a la costa neerlandesa cada mes de noviembre procedente de España. 

Así pues cada sábado los Piets dejarán dulces en los zapatos de todas las casas de los niños que se han portado bien, por que también a Sinterklaas se le atribuye una labor "correctora" ya que a los que no se han portado bien, no solo se quedan sin regalos, sino que incluso corrían peligro de ser llevados en un saco a España. Yo creo que los deben dejar a todos estos "traviesos" en la costa mediterranea y claro, después pasa lo que pasa.  Se puede entrever en esta tradición la rivalidad existente entre holandeses y españoles desde la famosas contiendas bélicas de Flandes. 

Ya desde este fin de semana se empiezan a recibir los dulces que se ponen en los zapatos de cada niño. Estos dejan zanahorias para que se pueda alimentar el caballo de San Nicolás de tan larga noche de trabajo. 


El dulce más popular son los llamados "pepernoten" o "kruidnoten" que se dejan en los zapatos de los niños

Este sábado llegó al país tras un largo viaje en barco de vapor desde Madrid (!manda narices!) y que esta vez fue en un lugar sin anunciar para que debido al dichoso coronavirus, no se produjeran aglomeraciones. Desfilaron para recibirlo alcaldes de algunas poblaciones que le agasajaron con presentes entre los que no podría faltar el pan de jengibre y los redondos y enormes quesos.

En estas celebraciones participan activamente los dirigentes políticos. Alcaldes, ministros, etc. No me quiero imaginar la que se podría liar en España si se hiciera de igual manera. 

El barco de vapor de Sinterklaas, llamado España, llegando con sus piets en uno de los infinitos canales de los Países Bajos

Me gusta esta curiosa tradición que llena de alegría (este año no mucho) los mercados y las calles de pueblos y ciudades en todo el país. Las limitaciones singulares que estamos viviendo debido a la pandemia impiden el normal desarrollo fueron salvadas con empeño a través de los medios de comunicación que permiten el acercamiento virtual delos niños a su querido SINTERKLAAS a pesar de este azaroso año que nos está tocando vivir. 

 ¡Qué importante es no perder la ilusión en tiempos de dificultades! 

 Yo, por si acaso, me voy a portar un poco mal a ver si San Nicolás, como castigo, me lleva a España, aunque sea en un saco.