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sábado, 17 de enero de 2026

AMIGOS FIELES

Durante el estudio semanal de las escrituras se nos enseña acerca de la relación del Profeta José Smith con algunas personas a las que calificó de amigos fieles. Nos relata José la importancia de estas personas, no sólo en su propia vida, sino también en el establecimiento del Reino de Dios en esta última dispensación y en la historia de la Iglesia de Jesucristo y, por lo tanto, en cierta manera, en nuestras propias vidas como Santos de los Últimos Días. 

Yo perdí a mi padre a una edad muy temprana, demasiado temprana diría yo. Era todavía un niño de 12 años, y a pesar de eso su figura siempre ha estado y está muy presente en mi vida. Reconozco con felicidad algunos rasgos que identifico como su herencia personal en mi. Uno de ellos es el valor de la amistad, de la amistad verdadera. El me decía "mi amiguiño", el título más hermoso al que puedo aspirar frente a quienes amo. 

Al hablar de amigos fieles no he podido evitar acordarme de mi padre y me sentía obligado a llevar a cabo con este simple mensaje, un acto de justicia reconociéndole a él, a mi padre, y agradeciendo a Dios por ello. 

Son los amigos fieles esos que nunca pierdes a pesar del tiempo y la distancia. Los que encuentran en las diferencias de opinión una deliciosa salsa que hace más sabrosa esa relación de amistad.  Son los amigos fieles los que están más allá de las circunstancias. Aunque muchas veces la vida nos impone una distancia que pocas veces tenemos la oportunidad de salvar para poder compartir abrazados las tristezas y/o las alegrías. En algún momento y de algún modo esas lágrimas de pesar o de gozo serán compartidas para regar con las mismas el eterno árbol de la amistad verdadera. 

Gracias, mi amigo fiel. 

domingo, 8 de noviembre de 2020

COMPAÑERA

 



Soy de los que piensan que todo en la vida sabe algo mejor si se puede compartir. 

Hoy es uno de esos días en los que esta feliz sensación se acentúa. 

Mi amiga, mi confidente, mi colega en este viaje vital celebra su cumpleaños. ¡Seis décadas! He tenido la fortuna de participar en más de cuatro de estas. 

Soy realmente un hombre con suerte de vivir una relación tan especial como lo que tengo con mi querida compañera. Durante estos cuarenta y dos años de amistad ininterrumpida hemos vivido todo tipo de etapas. Unas más felices que otras, unas más fáciles, otras más complicadas. 

Hemos compartido muchas risas, llantos no pocas veces, largas charlas, hemos caminado largos y altos senderos, al lado del mar, por la ribera de ríos. Hemos vertido lágrimas y sudores juntos. Hemos rezado hombro con hombro, empujado espalda con espalda la carga que más de una vez nos aprisionaba y, juntos, nos hemos liberado.

Me encantan nuestras charlas, pero adoro el silencio junto a ella. ¡Cuánto nos hemos comunicado y amado en delicioso silencio! Se podría decir que algunos de nuestros silencios compartidos han sido más locuaces que alguna cansada conversación sin final cierto. 

En todo este tiempo hemos aprendido a caminar cogidos de la mano y también a compartir pasos a miles de kilómetros de distancia el uno del otro. Cuando las cosas funcionan se dan estos milagros. 

Es esta relación una de las pocas cosas en mi vida que me hace sentir un hombre de éxito. 

No hay una clave para alcanzar esta dulce sensación de conseguir algo tan grande que nunca has siquiera alcanzado a soñar. Supongo que es una mezcla de compatibilidades entre nosotros, pero, sin duda, nuestras diferencias acomodadas a base de generosidad y sacrificio por parte de uno y otro nos han ido puliendo hasta llegar a este punto, han sido las que han conseguido hacernos tan fuertes juntos.

Aún hay aristas que incomodan, pero supongo que estas también nos ayudan a mantenernos despiertos en el camino que la vida nos de aún por recorrer juntos.

¡Feliz día, amor! 

¡Ah! Y a ti también, querida amiga. Feliz cumple décadas.

Y, sobre todo, gracias a la vida, que me ha dado tanto.