martes, 20 de septiembre de 2022

UNA CARA SUCIA

 A medida que los años van pasando voy mejorando mi capacidad de observación. 

Mi carácter impaciente e impulsivo me ha privado durante mi vida de disfrutar de muchos momentos que se me escurrieron de las manos sin ser quien de detenerlos, manosearlos, disfrutarlos. Vivirlos, en definitiva. 

Esta nueva escuela en la que me han matriculado mi dos nietos me está recordando el valor de la observación no invasiva. Algo que siempre aprecié, pero que no demasiadas veces he puesto en práctica. Y no por que no tuviera oportunidades. Mi vida ha sido, felizmente,  rica de estos momentos y muchos, demasiados, sin duda,  los dejé pasar sin haberles sacado todo el jugo que me hubiese alimentado el alma en un grado que siempre se necesita en el progreso vital de toda persona. 

Esta vez el master lo impartieron los dos pequeñajos jugando en el huerto de su casa. Vaya por delante mis disculpas a los papás a los que, con seguridad, la escena no les habría hecho tanta gracia como a mi dado el estropicio en el huerto que se estaba perpetrando durante el desarrollo de esta escena.  

Estaban sentados en la tierra, divirtiéndose sacando tierra de aquí, llevándola para allá... Subiendo, bajando. Corriendo, saltando, riendo, llorando, sangrando, abrazando, empujando, besando. Todo esto en un divino desorden lo suficientemente caótico como para trasladar al silente mirón a un mundo ideal.  Ese en el que no conjugan algunos verbos que solo utilizan los adultos en sus tristes batallas cotidianas. En ese pequeño espacio todo era felicidad. 

Miraba embelesado como interactuaban comunicándose ya con fluidez y con graciosa torpeza. Ese tipo de conversaciones en la que es permitido y hasta recomendado, mezclar churras con merinas. Esas conversaciones maravillosas en las que se relaciona el tocino con la velocidad de un modo inconcebiblemente razonable. Pero solo si el adulto (en este caso, yo) permanece en silencio, sin intervenir. Se perdería la magia que permite dar sentido a lo que para nosotros, los "mayores", ya no tenemos capacidad de entender del todo. Simplemente nos hace gracia en nuestra ignorancia desprovista ya de la inocencia necesaria para descifrar los códigos que manejan estas personitas en sus comunicaciones. 

Cuando vi la fotos que había robado de estos momentos me trasladé a unos tímidos recuerdos de mi infancia y solo cuanto estuve lo suficientemente imbuido en esos pensamientos recordé de mi propia niñez. 

Recordé, incluso, los momentos vividos con mis hijos que me confirmaban la certeza de la ecuación por la cual se desprende que la cantidad de porquería en las manos, en la cara, en las piernas, es directamente proporcional a la felicidad vivida.  

A veces nos empeñamos excesivamente en la pulcritud en el ámbito incorrecto. Nos empeñamos en ser pulcros en la apariencia y no tanto en la esencia. 

Ellos no. Se divierten sin preocuparse de las manchas, de los lamparones, de las uñas-mejillón, de las raspaduras, de las prisas, de las previsiones. 

Ellos no. Ellos juegan. 

¿No deberíamos acaso nosotros jugar, sin más? Ahora lo hacemos preocupados por ganar. O quizás con la única motivación de entrar en un pantalón en el que ya el botón y el ojal de la cintura se han divorciado definitivamente. 

Ellos no, ellos simplemente juegan. 

Se ensucian al mismo ritmo que lustran su alma y nos recuerdan como un día nuestro yo más íntimo estaba así de limpio. Con lamparones, raspaduras, chorros de porquería recorriendo nuestras piernas, uñas de luto. Y con el alma más limpia que nunca antes y, lamentablemente, jamás después. 




11 comentarios:

  1. Tus palabras me han emocionado,porque en verdad es así!

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  2. Que lindo están los nietos y es la pura verdad los nietos son cosa aparte de todo lo que uno sabía. Cariños

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  3. Os nenos son una Angeles, pero Vas vivencias

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  4. Cas vivencias cambian, desafortunadamente 🙃. Bonita as fotos pero a mais especial para min, a do teu Fillo Dani na cabaceira en Pedrafiqueira🥰

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  5. Como non!!!! Qué bonitas lembranzas!!!! Apertas fortes

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  6. Cuando nos damos cuenta ya senos fueron esos momentos de nuestros hijos hace mucho
    Ahora toca consentir a tus nietos

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  7. Que bonito Paco,gracias por compartir tan grata experiencia.!Yo después de haber tenido 5 hijos me he dado cuenta que hay momentos inolvidables que vale la pena disfrutar,crecen muy rapido y ahora con el peque de la casa ya hay cosas que no me preocupan tanto como cuando nació mi primer hijo.
    Muy bonitas las fotos !tienes unos nietos guapísimos. Ahora toca disfrutar de ellos y ellos de sus abuelos es el mejor legado que le podéis dejar.
    Un abrazo Paco y otro enorme para Idoia!

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