Imagino que en el sueño del durmiente habrá también mil historias felices que se truncaron por razones que, posiblemente, ni el soñador conozca con certeza.
Imaginando que alguien o algo tapió, como a esta puerta que ya no es, el futuro del yacente vagabundo impidiendo inmisericorde la oportunidad de rectificar, de volver a empezar, de pedir perdón, de ser perdonado, de rehacerse desde sus pedazos. En estos tiempos condenamos, tapiamos, a perpetuidad con demasiada facilidad.
Imaginará, soñando, quizás un reencuentro, un golpe de suerte, un cambio repentino en los vientos que alejen la tormenta que le ha llevado hasta este lecho de esterilla sucia, raídas mantas y bolsas llenas de las miserias hasta este lugar bajo una "ocasión estrella" ya apagada.
¡Imagina que sucede!
Imaginé que sucedía, que el sol de esta mañana no se nublaría ya nunca más bajo un abrazo con el que está soñando se hiciera realidad, haciendo que la "ocasión estrella" en su vida nunca más se volverá a velar.
Imaginar es fácil a veces, pero frecuentemente imaginar puede quemarnos como al acercarnos demasiado a la incandescencia de una estrella que se fue, como en ciertas ocasiones, para no volver jamás.
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