lunes, 1 de febrero de 2021

PUNTO Y APARTE

 Hasta aquí ha llegado esta breve, pero intensa etapa en mi vida. Hay viajes que en los que uno no se maneja con seguridad sin un buen copiloto al lado. 

Regreso a casa. 

Mi etapa en los Países Bajos, a pesar de todo, se puede considerar muy positiva. He alcanzado los objetivos profesionales que buscaba y aunque los planes se pintaban a más largo plazo, el paso de los días ha mermado mi capacidad de resistencia ante la intemperie que sufre con especial rigor el caminante solitario y entendí que lo mejor era darse media vuelta. 

Un viaje de vuelta de contrastes. 

Dejo un entorno profesional en el que en pocos meses he logrado en un país nuevo para mi una reputación profesional reconocida y expresada por mis contratadores que ya quisiera encontrar en mi país. Me llamó poderosamente la atención que al anunciar a la empresa que me iba, el máximo responsable de la misma me llame para interesarse por las razones de mi salida, expresar su pesar por dejar de tenerme en su plantilla, en la que se me había ofreció un contrato indefinido,  y me dejó la puerta abierta para un hipotético retorno deseándome suerte en mi regreso a casa. Yo ni siquiera sabía que este hombre del despacho grande del piso de arriba supiera quien soy. Pero parece ser que si sabía quien era y lo que hacía cada día en la empresa que dirige. Es de agradecer. 

El afecto de mis compañeros al despedirse me resultó sobrecogedor y  hizo un poco más complicada mi salida. ¿A quién no le gusta sentirse apreciado? 

Este tiempo en estos Países Bajos y, por cierto, fríos, me resultó difícil de transitar cuando el invierno pareció bajar una persiana que me hacía sentir que vivía en permanente penumbra y que hizo más complicado el día a día. 

Nada de todo esto hubiera sido posible sin mis ángeles de la guarda neerlandeses, que me hicieron sentir que viajaba en limusina en vez de hacerlo en un vehículo de trabajo. Hacia estos no encuentro suficientes palabras para expresar un agradecimiento que hacia ellos ya es eterno e indeleble en mi corazón. Son mi familia en los Países Bajos. Sin ellos me hubiera congelado.

-El regalo de despedida de mi Familia Neerlandesa-

Soy consciente de que regreso en el peor momento a casa en lo que a trabajo se refiere. España está hecha girones y se aprecia con más claridad si cabe desde el balcón de la emigración. Voy de un escenario en el que uno se siente útil, y hasta necesario, profesionalmente, a otro en el que he de abrirme paso en una selva en la que los mayores de 50 somos invisibles a los empleadores y en donde la experiencia, que es mi mayor valor, no es considerada. Pero lo tengo que intentar de nuevo por que hay cosas que son muy importantes, pero hay otras que son imprescindibles. 

Lo intentaré de nuevo y de un modo u otro lo voy a conseguir. El tiempo dirá como. 

No hay conquistas imposibles cuando la fe calza tus pasos. 




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