ESA FÁBRICA DE SONRISAS. UN BÁLSAMO PARA EL ALMA.
Eso son, entre otras cosas, los nietos que llegan en ese momento tan especial, cuando estamos en lo que llaman el atardecer de la vida. Lo llenan todo de luz y de sonrisas. Pero esas sonrisas que sientes que salen del alma, auténtica felicidad.
Despejan cualquier sombra de tormenta y lo llenan todo de ilusión.
Nos permiten redimirnos de nuestras faltas como imperfectos criadores que hemos sido y en el momento en el que los años ya nos han enseñado la importancia de lo esencial frente a las urgencias de lo necesario.
Cada uno distinto, cada uno mejor y mejor y mejor.
Volver a sentir una manita pequeña en la tuya es algo que no tiene precio y te indica lo que verdaderamente importa en la vida.
Un abrazo suyo te hace sentir el hombre más rico del mundo. De hecho, nadie me podría convencer de lo contrario. Muy rico, si señor.

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