martes, 30 de junio de 2015

PAPÁ

 Hace ya 40 años que se fué y nunca ha dejado de estar ahí para mi.

Mi padre murió cuando yo era muy niño, 12 años, y cuando comenzaba a explorar lo que la vida era en realidad. De hecho uno de los recuerdos más vívidos que tengo con mi padre son aquellos en los que lo acribillaba a preguntas sobre lo más variopinto y que en más de una ocasión, recuerdo, le llevó a rendirse ante mi persistente curiosidad y admitir: "y yo que sé Pacuchiño, descansa un poco, anda".

Se fué sin yo enterarme para nada de lo que eso significaba, ni de lejos lo sabía por entonces. Todo muy confuso a mi alrededor y mi inocente mentalidad no acertaba a comprender lo que sucedía. Nunca había tenido hasta entonces en mi corta vida un encuentro con la muerte, ignoraba muy felizmente lo que eso era, no tenía ni la más remota idea de que esas cosas sucedían, ni a mi, ni a nadie que pudiera haber conocido. Solo recuerdo confusión, caras tristes, miradas de compasión que no entendía y que en pocas semanas mi vida hasta entonces cambió por completo.

Yo, con menos de dos añitos en los brazos de mi padre

Creo recordar que la primera vez que lloré de verdad a mi padre fué seis años después, cuando realmente lo empecé a extrañar, cuando comencé a extrañar realmente a ese señor tan cariñoso, tan serio, tan protector, tan apasionado, tan sabio y lo que significaba para mi y lo que había perdido sin percatarme apenas.  

Mi padre era un hombre bajito, delgado, pero fuerte, de gesto serio, de manos grandes que usaba con gran maestría tanto para un cachete en el momento oportuno, como para unos abrazos y caricias que siempre estarán conmigo. Recuerdo agarrarme a uno de sus enormes dedos para caminar a su lado y sentirme el chaval más importante y afortunado del mundo. 

Mi padre en su afición favorita, la pesca en río.

Le gustaba la pesca en río y el Deportivo. En cierto modo heredé ambas. Me encanta el río, no para pescar, pero si para caminar por sus riberas. Soy muy Deportivista y nunca olvido cuando el me llevaba a Riazor y me dejaba perplejo por la pasión con la que sufría los desatinos de un equipo que por entonces (como ahora) estaba en la cuerda floja del descenso de categoría. Se enfadaba, gritaba como un energúmeno y rompía su carnet de socio un domingo si, otro no. (debería tener un montón de copias para cada temporada)

Mi padre (y mi madre también) hicieron mucho por mi, como supongo habrán hecho la mayoría de los padres por sus hijos, pero recuerdo algo que sucedió hace mucho, cuando ya él se había ido, pero que parece que fué ayer mismo, cuando le preguntaba a mi madre, tras abrir una alacena de la cocina y ver comida allí: - mamá, ¿nosotros somos ricos, verdad?  

Aun puedo oir las carcajadas de mi madre. 

Qué bonito!!!!! ahora que yo soy mayor, que soy padre, que me encantaría ser abuelo; no habría nada que me hiciera sentirme más satisfecho como padre, nada mejor a lo que aspirar que mis hijos se sintieran como yo entonces, que tenía todo lo que necesitaba, que no echaba nada de menos, que pudiera pensar que vive en una familia de ricos, de millonarios, aun perteneciendo, en realidad, a la famila de unos humildes padres trabajadores. Eso es en realidad la verdadera riqueza, no necesitar nada más que lo que uno tiene, por poco que sea. ¿No crees?

Mi padre, con mi madre

Mi padre se fué demasiado pronto, dejó demasiadas lecciones sin terminar de enseñar, pero, no sé como,  se las ingenió para dejar conmigo la esencia del curso entero. Me honro en heredar de él unas cualidades que me hacen sentir feliz aun ahora, cuatro décadas después. 

El sentido de la amistad, un amigo no es cualquier cosa. Un amigo es realmente algo de valor incalculable. Estoy seguro de que mis mejores amigos serían también muy buenos amigos de mi padre, como por ejemplo Idoia, Iñigo o Ricardo sin ir más lejos. 

Me enseñó, no sé exactamente como, que mi palabra vale tanto o más que mi firma y que lo que se promete se ha de cumplir, por difícil y duro que sea. 

Me enseñó el valor de la lealtad.

Me enseñó la importancia de la justicia. Me enseñó que un hombre de bien nunca antepone un interés a lo que es justo. 

Me enseñó, de alguna manera, que la mejor pastilla para conciliar el sueño es la integridad. 

Me enseñó a amar sin cálculos ni medidas, uno ama lo que ama, y a lo que se tiene que amar no se le pueden poner barreras ni condiciones. 

Rebuscando en los viejos recuerdos de mi madre descubrí unas cartas que son un tesoro. Cartas de amor a mi madre y que me dejaron perplejo, por que en esas cartas descubrí que yo amo, como el amaba (o muy parecido) y me hizo sentir muy feliz y orgulloso de tal parecido. 

Lo conocí lo suficiente como para saber lo feliz que sería teniendo una nuera como mi esposa, lo mucho que la querría y lo satisfecho y orgulloso que estaría de que su hijo tuviera una esposa tan especial como la que tiene. De hecho creo firmemente que desde algún sitio él disfruta y comparte mi felicidad al lado de mi mejor amiga.  

No sé si llegaría a imaginar que su hijo tendría que irse del país para buscarse la vida, tan común como era eso cuando yo nací, pero poco imaginable en la sociedad que se dibujaba cuando el falleció. Estoy seguro que el lo hubiese hecho también si fuera necesario.

Cuarenta años más tarde lo sigo extrañando y no es una frase hecha si digo que cada vez más. Pero al mismo tiempo lo sigo teniendo más presente en mi vida cuando tengo que esforzarme por salir adelante sin que nadie me regale nada, tal como el hizo cuando empezó a hacerse un lugar en su profesión, usando, tal como intento yo, los principios que hicieron de él un hombre grande, ejemplar e inolvidable y al que yo aspiro cada día a parecerme. Desde donde está él me sigue enseñando.

Te quiero papá. Hasta la vista. 

1 comentario:

  1. Me conmoviste, Fuco. las palabras escritas desde el corazón llegan lejos, tan lejos que puede que las haya ya leído tu padre. Aunque hace tiempo que no nos vemos, te reconozco en cada uno de tus renglones y se que eres un hombre bueno, quizás porque el arbolito lo pusieron derechito desde pequeño y derechito creció, y por eso tu esfuerzo y dedicación algún día den su fruto y puedas disfrutar de todo aquello que anhelas. Por ahora, goza de tu mujer y de lo que te da el día a día, que a falta de pan buenas son tortas, un beso muy grande para los dos

    ResponderEliminar