Hace hoy 30 años mi vida cambió para siempre, nada volvería a ser lo mismo para mi, yo no he vuelto a ser el mismo desde ese preciso instante. Cuando lo ví por primera vez me convertí en un hombre distinto, sin entenderlo, sin saber el porqué exactamente, pero sintiendo en cada fibra de mi persona la causa: un ser humano de apenas tres kilos de peso, dentro de una urna de cristal con un montón de cables que monitorizaban su llegada a este mundo.
Era DANIEL, mi hijo. Era Daniel, que me hizo papá. Buah! Mucho más de lo que uno podría esperar. Los sentimientos me desbordaban. Dificil de asimilar, difícil de entender completamente, dificil de reaccionar como se supone que debería reaccionar. Lo que más claramente puede definir los sentimientos de ese jueves 22 es la palabra FELICIDAD.
Recuerdo que esa felicidad me rebosaba, me superaba, me cortaba la respiración, me descubrió una nueva forma de ser feliz. No se puede explicar, pero era FELIZ, de un modo nuevo pero de un modo más pleno como nunca antes había experimentado.
Con Daniel a los 2 meses de edad
Recuerdo en su cuerpito las muescas de una difícil llegada a este mundo, un parto largo y difícil. Su naricita torcida por el esfuerzo. Su pelo rapado en partes para poder ponerle los sensores que controlaban que todo estaba bien dentro de su cabecita. Esa sensación de fragilidad que me llenaba de temor tras ese cristal que me separaba de él. Fueron tres días largos antes de poder tenerlo permanentemente en mis brazos y poder sentir plenamente el tacto, el olor de ser papá. Algo inolvidable. Lo más grande que a una persona le puede suceder en la vida. El regalo más grande que la vida nos da. La generosidad de Dios que comparte con nosotros el poder de crear. Increíble. Maravilloso.
Dijo el escritor Saramago: "Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo para aprender a amar a alguien más que a nosotros mismos." Yo no lo podría definir mejor. Convertirme en padre me dio a entender de un modo difirente la vida. Para entender el regalo que Dios nos da. Es un mensaje que recibimos del cielo de como se espera que seamos en esta vida. Nos inculca súbitamente la capacidad de amar por encima de nosotros mismos. Nos hace más grandes al hacernos pequeños ante nuestros propios retoños. Nos hace entender la generosidad de Dios para con la humanidad, pues comparte con nosotros su mayor don, el de crear. Imposible de explicar para mi. Es cuando toma forma esa frase incompresible que oíamos de nuestros padres. - Cuando seas padre comerás huevos! - Efectivamente si no lo vives no lo puedes entender realmente.
Daniel fué un bebe, un niño dulce, agradable, inspiraba paz casi siempre (la hora de comer era un parentesis a comentar aparte) aún hoy se pueden reconocer en él esas características. Uno realmente se siente afortunado pasado el tiempo de haber tenido un primer hijo como él. Lamento los malos ratos que le hice pasar por mi inexperiencia paternal, pero celebro la intensidad con la que le he amado, le amo y le amaré siempre, independientemente de las tesituras a la que la vida nos enfrente.
Daniel en una de sus inolvidables perrenchas a la hora de la comida. Para la cocina tenía un gusto muy especial, ahora lo entendemos todo.
El, aunque lea esto no lo entenderá del todo, por eso de que aún no ha comido huevos. Un día como hoy solo hay dos cosas que lo querría hacer llegar a su corazón: GRACIAS y PERDON.
Gracias por darme tanta felicidad, gracias por hacerme sentir esa sensación única de orgullo paternal que no me ha abandonado ni un solo momento en estos treinta años, gracias por ser como es. Gracias por todo lo que me ha traído a mi vida.
Perdon por haber sido mi banco de experimentos paternales, que no siempre, reconozco, han salido bien, perdon por no haber sido mejor. Tengo la sensación de que uno nunca se siente lo suficientemente bueno como padre, es una tarea demasiado grande. Pero por otra parte la sensación de haber hecho lo mejor de mi parte me trae cierta paz. Sobre todo por sentir que uno ha amado al 100% de su capacidad y eso me ha hecho mejor, más generoso, más feliz.
Daniel disfrutaba de las tonterias a las que le somentiamos.
Tenia y tiene una gracia muy especial.
Yo fuí un padre muy joven, 23 años, pero me alegro mucho de haberlo sido así de joven, me parece que me ha dado oportunidades que de otra manera no hubiera tenido. El llegó sin sentirme preparado. El me preparó. El llegó y me hizo feliz como no lo había sido nunca antes y 30 años después mi corazón desborda felicidad cuando pienso en en él. Ahora solo espero que pueda tener estas sensaciones por si mismo cuanto antes.
Gracias Daniel. Feliz Cumpleaños.
Con su patito Arnaldo, una de mis fotos favoritas. 



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