martes, 5 de enero de 2021
VIENEN LOS REYES MAGOS!!!!!
viernes, 25 de diciembre de 2020
NO ESTOY SOLO
El contenido de una conversación que te deja tocado, que te descoloca, que te hunde podría decir. No hay discusión, simplemente te rompe, te desilusiona seguramente más por no entenderlo que por la contrariedad en si misma.
Esa noche el run run en tu cabeza no te deja dormir bien, das más vueltas de lo habitual en la cama y te despiertas con el corazón en un puño varias veces. No descansas.
Te levantas, vas a trabajar y durante todo el trayecto le sigues dando vueltas.
Estás en plena faena pero estás más en otro lugar, en ese campo de batalla mental que supone a veces lidiar con las decepciones. El desasosiego casi se convierte en angustia. No dejas de rumiar la decepción.
Mientras acaba un pedido de los muchos que hago cada día sentí como si alguien me pusiera sobre mi espalda una cálida manta que con gentileza disipa la humildad y el frío de la intemperie recién llegado al hogar. Una reconfortante sensación como la del abrazo consolador de una madre. Me invadió una paz que no soy capaz de describir y me pareció oír una suave voz que me susurraba con dulzura y seguridad: "no te preocupes, déjalo estar, en su momento todo se resolverá para bien."
Y ya.
Desapareció la angustia, la desilusión, el enfado, la amarga contrariedad. En su lugar esa paz que me llenó desde los pies a la cabeza y esa calidez en el pecho de sentir que no hay de qué preocuparse.
No estoy solo.
viernes, 27 de noviembre de 2020
DEL AGRADECIMIENTO
Poderosamente me han recordado recientemente la importancia del agradecimiento. He pasado estos últimos días dándole vueltas en mi cabeza a todo aquello por lo que me siento agradecido y he de confesar que me he sentido felizmente abrumado por tantas cosas buenas que he de agradecer en mi vida.
Russel M. Ballard dijo: "es mucho mejor contar nuestras bendiciones que contar nuestros problemas."
Intenté compartir estos sentimientos y cada vez que me ponía ante el teclado no sabía por donde empezar. Tras muchos borradores desechados, el insomnio de esta noche me ha impulsado a compartir lo que considero más determinante en mi vida.
La irrupción de la figura de JESUCRISTO en mi existencia ha supuesto una absoluta revolución. No fue repentina. No tuve la capacidad de asimilar sus enseñanzas en poco tiempo, su influencia ha sido gradual y no exenta de altibajos, algunos de ellos asombrosamente pronunciados.
Gracias a las enseñanzas y ejemplo de Jesús mi vida se ha transformado. Desde mi adolescencia hasta el día de hoy. Mi cercanía o distanciamiento de los principios que este hombre único enseña ha determinado enormemente mis vivencias. Puedo decir que Jesús es hoy mi gran amigo.
He sido mejor hijo, mejor padre y ahora mejor abuelo cuando vivo auténticamente aquello en lo que creo. Soy mejor esposo, mejor amigo, mejor compañero cuando acierto a acercarme al modelo que Cristo me enseña.
Hoy puedo decir sin temor a engaño alguno que mi vida es mejor y más fructífera en la misma medida que tengo éxito a vivir los principios de Cristo.
Soy lo que soy gracias al milagroso poder transformador de estas enseñanzas. Cada día que me levanto siento y expreso agradecimiento por la oportunidad que tengo de vivir y por el deseo de parecerme más al modelo establecido por mis creencias.
Es mucho más que una cuestión religiosa, mucho más allá de una iglesia, de un libro sagrado. Es infinitamente más. Se trata de afrontar cada día con la intención de vivir como Él nos enseñó a vivir. Y no es que yo sea una persona de gran fe, no. Simplemente, a lo largo de estos más de cuarenta años desde que conocí sus enseñanzas, he aprendido que mi felicidad va en ello.
Es mejor el mundo que me rodea cuando vivo como Él enseña a vivir.
Ser cristiano no me hace mejor que nadie que no lo sea. Es más, conozco personas que sin compartir mi fe me dan lecciones de cristianismo con su ejemplo, del cual intento aprender. Puedo decir que tengo amigos que se proclaman ateos y que son mejores cristianos que yo, ya lo creo que si. También intento mejorar inspirándome en estos.
Nadie es mejor por creer en algo o alguien si no vive de un modo cabal los principios que proclama.
Solo quiero expresar hoy mi gratitud por la vida, enseñanzas y sacrificio eterno de mi salvador Jesucristo. Ha llenado mi vida de luz, ha iluminado esos rincones oscuros en mi personalidad, ha transformado mi manera de ver el mundo y de entender la vida. Y me recuerda que aún queda mucho, muchísimo por hacer, por mejorar.
Mi compañera, mi amiga, mi amor, ha creído en mi más que yo mismo, por que ella siempre ha entendido a Cristo mejor que yo. Su mano fue la mano del Salvador en mi vida. A ella nunca le podré agradecer suficiente. Su fe en mi fue una expresión del amor puro de Cristo.
He buscado en muchas fuentes, nunca he sido una persona conformista, pero ninguna me ha saciado como esta que me da agua de vida en la que ahogo mis momentos de desesperanza y donde encuentro consuelo diario y fuerzas para seguir y disfrutar del camino independientemente de lo difícil que pueda llegar a ser. Esta fe es una poderosa fuente de felicidad y esperanza.
Soy mejor gracias a Cristo. #dagracias
domingo, 15 de noviembre de 2020
SINTERKLAAS
Pues resulta que por estos lares en los que me encuentro ahora tienen una curiosa costumbre por estas fechas y que está muy curiosamente relacionada con mi país de origen, España.
Parece ser que un tal Nicolás de Myra, un personaje que nació a finales del siglo III (d.C.) en Anatolia, Turquía en tiempos de ocupación romana, por lo que era este un ciudadano de la Roma imperial, llegó a ser Obispo de Myra. Sus restos están en Bari (Italia). Fué beatificado y santificado en su momento por el Papa de Roma y su onomástica es el 6 de diciembre. Tal día se ha convertido en una fecha muy marcada en los Países Bajos, especialmente para los niños. Lo declararon también "Santo patrón de los niños" debido al milagro que la tradición dice llevó a cabo este hombre al encontrar a tres niños asesinados por un posadero en el norte de Francia y apiadándose de tales inocentes criaturas las devolvió a la vida. Hay otras leyendas en las que se atribuyen otras milagrosas intervenciones en favor siempre de infantes.
Hay documentación de esta celebración desde el siglo XIV nada más y nada menos. Siempre relacionada con los niños, a los que se premiaba con regalos en forma de alimentos, dinero, ropa, hasta llegar a la actualidad en la que, sobre todo, se agasaja abundantemente con dulces.
A finales de la Edad Media se crearon los mercados de San Nicolás y se hizo famoso ya por entonces el hombre de pan de jengibre como regalo característico. Se utilizaba este presente como una forma de cortejo ya que a "Sint-Nicolaas" también se le atribuyen poderes emparejadores. "Hijlickmaker" (agente matrimonial).
Es este un país dividido entre católicos y protestantes y estas celebraciones provocaron fricciones entre ambas comunidades en las que los segundos en sus zonas de influencia condenaron esta celebración por considerarla supersticion católica, llegando a estar prohibido en algunos lugares. Hasta el famoso Martín Lutero manifestó cierta oposición a esta costumbre.
Incluso se puede decir, al menos por aquí se sostiene con tesón, que es origen del famoso Santa Claus norteamericano. Los Neerlandeses fundaron la actual Nueva York (originalmente Nueva Amsterdam) en donde instauraron esta festividad que fue evolucionando hasta lo que es hoy la potente tradición de Santa Claus y Papá Noel.
El caso es que hoy en día es todo un acontecimiento nacional que ya comenzó hace unos días, cuando San Nicolás, según la tradición, sale de España a donde va a aprovisionarse de los regalos (originalmente naranjas) y, ¡¡¡¡¡ojo, desde Madrid sale en barco hacia los Países Bajos!!!!! Singular periplo cubierto puntualmente por los informativos holandeses manteniendo informados a diario a los niños que ansiosos esperan que llegue a sus casas con sus deseados regalos.
Sinterklaas, por supuesto, no puede hacer esta inmensa labor solo. Le acompañan los "piets", más concretamente los "zwarte piet" (Pedrito el negro), unos pajes-bufones que en medio de travesuras ayudan a San Nicolás a llegar a cada hogar con los presentes.
¡Qué importante es no perder la ilusión en tiempos de dificultades!
Yo, por si acaso, me voy a portar un poco mal a ver si San Nicolás, como castigo, me lleva a España, aunque sea en un saco.
domingo, 8 de noviembre de 2020
COMPAÑERA
Soy de los que piensan que todo en la vida sabe algo mejor si se puede compartir.
Hoy es uno de esos días en los que esta feliz sensación se acentúa.
Mi amiga, mi confidente, mi colega en este viaje vital celebra su cumpleaños. ¡Seis décadas! He tenido la fortuna de participar en más de cuatro de estas.
Soy realmente un hombre con suerte de vivir una relación tan especial como lo que tengo con mi querida compañera. Durante estos cuarenta y dos años de amistad ininterrumpida hemos vivido todo tipo de etapas. Unas más felices que otras, unas más fáciles, otras más complicadas.
Hemos compartido muchas risas, llantos no pocas veces, largas charlas, hemos caminado largos y altos senderos, al lado del mar, por la ribera de ríos. Hemos vertido lágrimas y sudores juntos. Hemos rezado hombro con hombro, empujado espalda con espalda la carga que más de una vez nos aprisionaba y, juntos, nos hemos liberado.
Me encantan nuestras charlas, pero adoro el silencio junto a ella. ¡Cuánto nos hemos comunicado y amado en delicioso silencio! Se podría decir que algunos de nuestros silencios compartidos han sido más locuaces que alguna cansada conversación sin final cierto.
En todo este tiempo hemos aprendido a caminar cogidos de la mano y también a compartir pasos a miles de kilómetros de distancia el uno del otro. Cuando las cosas funcionan se dan estos milagros.
Es esta relación una de las pocas cosas en mi vida que me hace sentir un hombre de éxito.
No hay una clave para alcanzar esta dulce sensación de conseguir algo tan grande que nunca has siquiera alcanzado a soñar. Supongo que es una mezcla de compatibilidades entre nosotros, pero, sin duda, nuestras diferencias acomodadas a base de generosidad y sacrificio por parte de uno y otro nos han ido puliendo hasta llegar a este punto, han sido las que han conseguido hacernos tan fuertes juntos.
Aún hay aristas que incomodan, pero supongo que estas también nos ayudan a mantenernos despiertos en el camino que la vida nos de aún por recorrer juntos.
¡Feliz día, amor!
¡Ah! Y a ti también, querida amiga. Feliz cumple décadas.
Y, sobre todo, gracias a la vida, que me ha dado tanto.
lunes, 2 de noviembre de 2020
EL MARTILLO DEL ABUELO
No lo conocí lo suficiente, la arrolladora bondad y simpatía de su esposa, mi abuela Carmen, lo dejaba segundo plano ante sus nietos. Nunca hablaba mucho y yo, tristemente, tampoco le pregunté. De hecho, supe más de él tras su
fallecimiento que en vida.
Empuñe con fuerza ese mango de tosca madera que también sostuvo mi
querido abuelo Andrés durante infinitas horas en un pequeño taller de zapatería en
la calle San Agustín, al lado de la plaza de María Pita, en mi añorada A Coruña.
Me imaginé mientras lo sujetaba, los sudores de este buen
hombre reparando zapatos y más zapatos para sacar adelante a su familia. Sus
sufrimientos. Sus frustraciones. Pero sobre todo me quise imaginar cuales
habrían sido sus sueños, por los cuales nunca le llegué a preguntar a ninguno
de mis abuelos, lo cual lamento profundamente hoy.
Todos deberíamos preguntar alguna a nuestros abuelos, a nuestros padres, cuales son sus sueños. Quizás repararíamos a tiempo en que algunos de esos sueños quizás estén en nuestras manos poderlos hacer realidad.
Al abuelo Andrés le sorprendió el golpe de estado que acabo
en una sangrienta y cruel guerra civil en nuestro país, siendo padre de dos
niñas pequeñas. Tras el final de esta guerra fue detenido por un miserable chivatazo que le acusaba de ser “comunista”.
Sin más. Fue encarcelado, y como muchos otros, candidato a ser pasado por las
armas en el Campo da Rata, o en cualquier infame cuneta.
Si, así fue, como mi abuela me lo contó en muchas ocasiones. El paso del tiempo no pudo nunca hacer sacudir lo suficiente tan brutal susto, tan incompresible atropello, tan triste injusticia. No era el zapatero un activista, ni un guerrillero, ni, mucho menos, un terrorista. Era simplemente un hombre con un pensamiento libre, que creía en la justicia social y en el bien común. No era un hombre, peligroso, pobre de él. Su único delito en esa oscura época era no pensar como los que mandaban querían que pensara. No era adicto. Ni al alcohol, ni al tabaco, ni al régimen. Los dos primeros vicios eran optativos, pero el tercero era de consumo obligatorio. El era abstemio y eso casi le costó la vida.
Lo llevaron a la cárcel, lo encerraron, pensando, imbéciles,
que matarían sus ideas. Sólo consiguieron que las escondiera en su mente.
Imagínense a mi pobre abuela, una madre desesperada que
acudió a todos cuantos estamentos podría alcanzar para pedir, ya no una
justicia prácticamente inexistente en esos convulsos tiempos, sino clemencia.
Ninguno de sus requerimientos tenía el más mínimo efecto ante los organismos responsables
de la detención de Andrés.
Encontró Carmen atención en su cura párroco que, buen
conocedor del sistema represor y de sus ejecutores en esa ciudad, supo llegar a
convencer a alguien de que Andrés no era peligroso y logró sacarlo de la cárcel
tras la noche en la que escondido bajo la manta de otro recluso, esquivó la
fatal suerte de ser uno de los escogidos para el mortal paseo.
No es este un relato político, no quiero que lo sea. No es
mi intención. De mi abuelo Andrés solo recuerdo el martillo, que no la hoz. No
hablo tampoco ni de yugos ni de flechas. Ni de rojos ni azules.
Solo quiero recordar a mi abuelo Andrés, el zapatero remendón de la calle San Agustín, que en sus postreros delirios gritaba desde la ventana de la casa de mi madre a la calle, ¡¡¡¡LIBERTAD!!!! con el puño cerrado, los dientes apretados y lágrimas corriendo por sus arrugadas mejillas. Sus ideas salieron de su escondite azuzadas por la demencia senil que nos lo arrebató durante los últimos años de su vida.
Curioso era que este ateo convencido, cuando veía a un hombre con sotana pasear por la calle, le gritaba pidiéndole ayuda desde esa ventana en la que pasó sus últimos años. Más de un cura se presentó en la puerta de nuestra casa acudiendo a los gritos de socorro del abuelo, sin duda, con el agradecimiento inconsciente hacia esa sotana que décadas atrás le permitió lo que la intolerancia quiso arrebatarle: ver crecer crecer a sus dos hijas.
Mis ojos no entendían lo que le pasaba a mi
abuelo. Ahora, viendo algunas cosas que veo en las noticias, y palpo en la sociedad en la que vivo, con tanto
odio e intolerancia desatados, lo comprendo mejor. Entiendo la rabia que le sobrevino en
sus últimos años de vida, seguramente como consecuencia de tener que sufrir tantos años con miedo y callado. Hasta que la demencia liberó, ya definitivamente, su mente en donde vivió agazapada el ansia de una libertad que solo pudo vivir a medias.
domingo, 25 de octubre de 2020
ABUELO Y EMIGRANTE
Esta es la segunda vez que tengo que hacer la maletas y salir de casa en contra de mi voluntad.
La primera vez tras sufrir un "ere" que tanto animó la rebaja a los despidos de la reforma laboral. Ahora una crisis inesperada e impensada por nadie hundió el frágil suelo por el que caminaba desde que regresé del Reino Unido buscando una estabilidad que el virus acabó por destrozar. Los que mandan no supieron prepararnos para tamaña hecatombe. Estaban en otras cosas. Y claro, otra tropa de buenos soldados que van a luchar en otros frentes donde si aprovecharán su fuerza y talento.
En esta ocasión ha sido aún más frustrante, pues creía que de un modo u otro iba a poder llegar a la orilla de la jubilación nadando en aguas locales tras una dura etapa en una isla al norte, pero no. Una vez más un cambio de rumbo en mi vida que me hizo oler de cerca la sensación de fracaso.
Pero esta salida ha sido un poco más dolorosa que la primera. Había probado el año pasado el dulce sabor de experimentar ser abuelo. Es algo formidable, mucho más de lo que soy capaz de expresar. Ser abuelo e el cum laude de la paternidad. Una oportunidad de pulir un simple aprobado por una matrícula de honor. Una manera también, en cierto modo, de pedir perdón a nuestros hijos por mis errores como padre.
Salir mirando hacia atrás no es ni cómodo ni bueno, pero ahora se me antoja inevitable.











