lunes, 28 de septiembre de 2020

XAVI - Una historia de lucha a pecho abierto - #xavistrong

Esta vez no va de mi. 

Esta es una corta historia sobre el triunfo del amor y generosidad sin límites.

Estos días estoy afectado y tengo mi mente, mi corazón, a casi nueve mil kilómetros de distancia, al lado de mi familia californiana.

Xavi  nació en Sacramento, California el pasado sábado 19 a las 11 de la mañana. Llegó con tres meses de adelanto en medio de una crisis que interrumpió su plácida gestación. Paloma, una vez más, se puso su traje de heroína, pero no esas de las pelis, no, una heroína de verdad, de esas que no necesitan capa, en absoluto. Esa heroína cuyos super-poderes emanan de su corazón, de su capacidad de amar a un ser que nunca vio y con la total disposición a darlo TODO por él. Una MAMÁ. No puedo ni imaginar los sentimientos de Papá Josh. Ni los de sus tres hermanitos que estaban al tierno cuidado de los preocupados abuelitos. 

No importaba lo arriesgado de la misión, no se dudó ni un momento. Sólo la divina bravura de una Mamá puede enfrentar tal batalla. 

Ni Paloma ni Xavi se rindieron. El pequeño llegó a este mundo con un cuerpecillo que no alcanzó el medio kilo de peso ni los treinta centímetros de longitud. A pesar de las circunstancias los médicos decían que era mucho más sano de lo que cabría esperar en un bebé de esa minúscula talla. 

Cada minuto, cada hora, cada día es una conquista heroica.

El pequeño Xavi parece querer tranquilizar a su papá

Quería explicar como es una odisea de este tipo, pero nada de lo que era capaz de expresar podría ilustrar con tanta claridad como las palabras de su papá que, con su permiso, comparto con vosotros, mis amigos:

"Nos dijeron que tener un  bebé prematuro es una montaña rusa. No estaban mintiéndonos. Mañana Xavi cumplirá una semana de vida y no ha sido un camino fácil. En tres ocasiones recibimos una llamada telefónica de un médico que nos decía que se moriría pronto. Tres veces que estábamos lejos de nuestro bebé y entramos en pánico mientras condujimos 40 millas desde casa pensando que este podría ser el último momento con él. Cada vez Xavi sorprendió milagrosamente al personal médico al regresar a su línea de base. Si solo eso fuera suficiente... Nos enteramos de que tiene varias complicaciones, que incluyen altibajos extremos en los niveles de azúcar en sangre, posible hemorragia en el cerebro y los pulmones, incapacidad para respirar sin oxígeno al 100% en ocasiones, y ahora nos acaban de decir que puede llegar a convulsionar. Paloma continúa extrayéndose leche, a veces con el doloroso y frustrante sentimiento de que quizás lo haga inútilmente, y seguimos viendo a nuestro pequeño perfecto pasar por estas pruebas. Ojalá nuestra familia pudiera verlo en persona. Tiene la cabeza y las orejas de los Beus, me enorgullece ver su raya en el pelito y  nariz como la mia. Duerme como Scarlett, mantiene su brazo detrás de la cabeza como Ash y tiene el cabello castaño claro que me tomó por sorpresa. Miro a este chico y pienso en lo desesperadamente que lo necesito para sobrevivir, pero también sé que no depende de mí. Amo tanto a mi esposa y no podría estar más orgulloso de su sacrificio y fuerza. Estamos constantemente en territorio desconocido. Hemos tenido tanta gente que se ha acercado a nosotros, por lo que estoy muy agradecido, así que decidí ser lo más transparente posible. Gracias a todos por sus oraciones, pensamientos y buenos deseos. No alcanzamos a expresar todo nuestro agradecimiento y amor por todos vosotros."

No hay mucho más que decir, no mucho más que contar. 

Desde aquí todo mi amor, toda mi fe, toda mi admiración y afecto a Xavi, Paloma y Josh, a Elita, Ash y Scarlett y al resto de la familia que con firme esperanza esperan el desenlace de la batalla.



miércoles, 23 de septiembre de 2020

DIVERSIDAD


Ya casi llevo un mes viviendo y trabajando en Holanda. Hay muchas cosas que podría contar y que iré contando en sucesivas entradas de este blog.

La primera que me llamó a atención cuando me integré en el nuevo puesto de trabajo es la diversidad que hay entre mis compañeros. Si bien predominan, como es lógico, los locales, se puede decir que más de la mitad de los trabajadores de tropa, o sea los que no son mandos intermedios, tienen muy distinto origen. El idioma que se utiliza mayormente es el inglés ya que buena parte de la plantilla no habla holandés (dutch). Es realmente difícil aprender este idioma. 

Una de las paredes de la nave donde trabajo está llena de banderas, camisetas y bufandas de los equipos de fútbol favoritos de algunos de los trabajadores. Representa muy bien la diversidad en los orígenes de la plantilla de esta empresa. 
En unos días habrá también una bandera del Deportivo, solo faltaría.

Hay conmigo otros cinco españoles, lo cual hace mucho más fácil integrarse en el día a día y no sentirse aislado, además he tenido la fortuna de que son unos magníficos compañeros en todos los sentidos. Un madrileño encantador, técnico de sonido, siempre pendiente de mi para ayudarme en lo que necesito; un marroquí de Vinaroz que estaba harto de la explotación laboral en el sector de la hostelería, y que fue mi eficaz y amable  instructor los primeros días;  un ex-director de sucursal bancaria de Madrid; un arqueólogo vigués con el que no me interesa hablar de fútbol; una madrileña que viene de una ong en Ghana en la que ayudaba en la alfabetización de jovencitos ghaneses. También hay muy diversas nacionalidades entre los demás compañeros, la mitad de los cuales son africanos. 

Un ugandés que estudia en la universidad por la mañana y trabaja por la tarde y al que no le gusta el calor; un argelino que odia todo lo que tiene que ver con Francia; un holandés de raza gitana que se llama Ricardo, pero por aquí sus compatriotas le dicen "Gicagdo"; un somalí ya nacionalizado holandés, pero con su corazón anclado en su pobre país a donde quiere volver cuando tenga el dinero suficiente para montar su negocio, tiene aquí una familia y otra más numerosa en su país a la que manda el dinero para alimentarla; un par de polacos muy simpáticos y amables; un holandés de origen filipino que no se entera de nada; un rumano que tiene una risa muy escandalosa y contagiosa; una holandesita muy simpática que estuvo una tempora trabajando en Canarias y que le encanta el español y todos lo días te saluda con un simpático "¡¡¡hola cogasón!!!"; un guineano muy amable y dos holandeses con muy mala leche (aunque he decir que en general los holandeses son bastante amables).

Esta diversidad es una circunstancia enriquecedora en si misma. Personas que vienen de circunstancias sociales, culturales y políticas completamente distintas y que se entienden perfectamente ya que ahora nos une un trabajo que nos permite cubrir unas necesidades que en nuestros países de origen no se nos permitió satisfacer, hecho por el cual uno, al menos yo, me hace sentir agradecimiento al país que ahora me acoge. 

Es bien triste el panorama que dejo detrás de mi, en España, en lo que a la cuestión económica en  general y  laboral en particular se refiere. No sé cual es la solución, pero si sé cual es el origen: la falta de honestidad y lealtad de los que nos vienen gobernando durante los últimos años, décadas diría,  para los que su prioridad es el afán de poder y dinero muy por encima que el bienestar general del pueblo al que dicen servir y del que en realidad se están sirviendo.


domingo, 20 de septiembre de 2020

MI PRIMERA SEMANA EN HOLANDA

 Parece ser que ahora el nombre correcto de este país en el que resido temporalmente es Países Bajos, pero me permitirán que siga llamándolo Holanda. Sobre todo si tengo que acudir a los gentilicios que no acabo de encajar bien: ¿"paisbajeño"? ¿"paisanobajito"? ¿"paisbajareño"? 

En fin, Holandeses, con mayúsculas, que bien las merecen. 

Llegué el domingo a mediodía tras día y medio de viaje y he decir para hacer honor a la verdad es que mi llegada no es la misma que la mayoría de los que emigran a un país extraño. Yo he de decir que he tenido un recibimiento muy caluroso y confortable que mitiga en gran parte esa sensación de desarraigo que si venía sintiendo desde el momento que decidí finalmente emigrar, especialmente sentido durante los 2.000 kms. de camino hasta aquí. 

Si habláramos en términos de carrera ciclista, sería como comenzar una crono-escalada en un día lluvioso con una buena rampa cuesta abajo para coger fuerza y con siete ángeles cubriendo con paraguas mi recorrido inicial. Pues así me siento, un privilegiado entre tantos que, como yo, han tenido irse lejos de casa a buscarse sus habichuelas. 

Gracias, se me hace corto, cortísimo,  para expresar lo que siento.

Ya había estado antes en Holanda, pero no trabajando y no sabía lo que me podría encontrar. Había contactado desde A Coruña con varias agencias y había visto muchas vacantes en las que podría encajar a pesar de no saber una palabra de "Dutch" que es como se llama al idioma que se habla aquí. Pero una cosa es la teoría o otra la práctica y no tenía muy claro como sería esto de buscar trabajo aquí sin hablar ni entender el idioma del país. 

Me puse cuanto antes a la faena. El lunes a primera hora de la mañana, no a primerísima, por que aquí se madruga de un modo inmisericorde, salí a visitar ocho agencias de empleo que previamente había seleccionado en un radio de 20 kms. de donde yo vivo ahora, Eersel. Eso incluía Eindhoven, la ciudad más importante de este área.

Pues bien, de esas ocho visitas, en seis fui entrevistado (en inglés, claro) y se interesaron por mi currículo y en el tipo de trabajo que estaba buscando, en las otras dos me dijeron que, debido al covid, solo atendían con cita previa o telefónicamente. El resto de los días de la semana solo me tuve que limitar a atender las llamadas de las agencias visitadas o bien pidiendo información adicional o bien ofreciéndome diversas opciones. Me llevaron a visitar dos empresas en las que podría tener cabida y el viernes a medio día en el espacio de una hora tenía tres ofertas en firme para empezar a trabajar la semana siguiente, o sea esta. Acepté la que me pareció más ventajosa para mi y hoy mismo comencé a trabajar.

La eficiencia de las agencias de empleo en Holanda en nada tiene que ver
 con las de España, desgraciadamente para los españoles que buscan empleo. 

Se pueden imaginar lo chocante que es para uno que lleva meses buscando trabajo en su país de residencia sin tener ni una oferta decente (solo tuve una y era insultante y muy indecente, por cierto) y aquí con una jornada de búsqueda y una buena gestión de la información recibida se puede encontrar un buen trabajo con la única condición de saber hablar inglés. 

Además del alivio que supone volver a la senda laboral uno recupera un poco de la autoestima que se pierde en meses de peregrinación real y virtual por las entidades que se suponen ofrecen empleo a quienes lo buscan. 

No sería capaz de explicar una razón o las razones exactas de tan brutal diferencia entre dos países que conviven en el mismo espacio económico continental, pero que en lo laboral parecen estar en planetas distintos y distantes. 

Recien llegado a Eersel




HUYENDO DEL VIRUS

 Siete años más tarde, lo vuelvo a hacer. Cuatro años después de regresar, tengo que volver a salir corriendo de mi país.

Huyendo del virus, pero no del virus del que tanto se habla ahora en España (bueno casi de lo único que se habla). No, no me escapo del coronavirus, del covid 19, no, me escapo de otro tipo de virus, más dañino, a mi parecer, que este.

Me refiero al virus de la incompetencia, de la corrupción, del odio, del hastío. O sea de una de las más duras consecuencias de todos estos juntos: El desempleo. 

Si ya era difícil hace siete años, ya veis que ahora el panorama con esta pandemia que ha sumido aún más a España en una profunda depresión de la que no sé como se saldrá. 

Es muy triste convivir con tanto odio colectivo en este país mio en el que preferimos la derrota colectiva que la lucha hombro con hombro por la victoria ante las dificultades con aquellos que no coinciden con las ideas propias. Se habla mucho de patriotismo, pero en España demostramos no entender para nada lo que esa palabra significa. 

Había regresado del Reino Unido hace cuatro años y con mucho esfuerzo y muchos altibajos iba salvando la situación, pero estos del virus fue la puntilla. Una vez más, cuando estaba ya muy cerca de conseguir mi objetivo de la estabilidad laboral. 

Una vez más lío las maletas y esta vez un poco más cómodo, en mi coche, pongo rumbo a Europa, ahora a la Europa continental, pues parece ser que los "british" no quieren saber más de nosotros y yo no quiero ir a donde no me quieren por lo que esta vez el destino son los Países Bajos, vamos la HOLANDA de toda la vida. 

Carretera de la Francia que crucé de suroeste a nordeste

Eso sí, lo hago con ilusión, por que sin ilusión uno no puede llegar nunca muy lejos y si me doy la paliza de conducir 2.000 kilómetros que sea con el objetivo bien claro de alcanzar la meta que uno se pone al dar la espalda de nuevo a su hogar. 

Hay en este viaje una mezcla de sentimientos.

He de reconocer que la frustración es uno de ellos, pues no deja de ser un fracaso que uno no sea capaz de quedarse en su hogar. ¿no?

Sentimiento de rabia por saber que se ha hecho todo lo que uno tenía en su mano, pero no fue suficiente. Rabia por tocar una y otra vez y otra vez y otra vez y otra vez a puertas que ni siquiera se abren para saber quien llama.

Tristeza por lo que uno deja atrás. Por enfrentar los próximos meses con ausencias tan marcadas en el día a día y que sé por experiencia no serán fáciles de sobrellevar.

Pero por encima de todo está la ilusión, sin ilusión uno no debe cruzar el umbral para salir a la calle. La ausencia de ilusión es el preludio del fracaso, sin duda.

También me siento con fuerza, con fuerza para enfrentar lo que me encuentre. También se que habrá momentos de flaqueza, pero me siento lo suficientemente fuerte para tomar ese riesgo.

Si Dios es conmigo, ¿quien contra mi?

Pois eso, que marcho, que teño que marchar.