Después de 30 años, más de la mitad de mi vida, con poco más que un lo siento, un "no eres tú somos nosotros", me untan la minuta y dan portazo a un buen trozo de tu vida, sin más, te guste o no es lo que hay, asique ahora está la pelota en mi tejado. O subo a cogerla y me tiro desde lo alto o la rescato, la vendo y vuelvo a empezar.
No puedo decir que me pillara por sorpresa, pero desde luego uno no puede prever como va a reaccionar ante algo así hasta que te sucede.
No supe que decir, a penas sabía qué tenía que hacer. Me fuí conmocionado, pero no llegué a sentir esa sensación de pánico que siempre creí padecería si me sucediera lo que a docenas de compañeros le había pasado en mis narices hasta este momento.
En alguna parte de mi se encendía una luz roja de alarma que hasta ahora no conocía (la de no tener trabajo), pero también se encendió otra verde de esperanza.
Yo prefiero fijarme en esta última. Llamadme irresponsable, pero prefiero mirar hacia delante, sin duda y, por el momento así lo estoy haciendo.
Ya veremos qué pasa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario