viernes, 25 de diciembre de 2020

NO ESTOY SOLO

 El contenido de una conversación que te deja tocado, que te descoloca, que te hunde podría decir. No hay discusión, simplemente te rompe, te desilusiona seguramente más por no entenderlo que por la contrariedad en si misma.

Esa noche el run run en tu cabeza no te deja dormir bien, das más vueltas de lo habitual en la cama y te despiertas con el corazón en un puño varias veces. No descansas.

Te levantas, vas a trabajar y durante todo el trayecto le sigues dando vueltas. 

Estás en plena faena pero estás más en otro lugar, en ese campo de batalla mental que supone a veces lidiar con las decepciones. El desasosiego casi se convierte en angustia. No dejas de rumiar la decepción.

Mientras acaba un pedido de los muchos que hago cada día sentí como si alguien me pusiera sobre mi espalda una cálida manta que con gentileza disipa la humildad y el frío de la intemperie recién llegado al hogar.  Una reconfortante sensación como la del abrazo consolador de una madre. Me invadió una paz que no soy capaz de describir y me pareció oír una suave voz que me susurraba con dulzura y seguridad: "no te preocupes, déjalo estar, en su momento todo se resolverá para bien."

Y ya.

Desapareció la angustia, la desilusión, el enfado, la amarga contrariedad. En su lugar esa paz que me llenó desde los pies a la cabeza y esa calidez en el pecho de sentir que no hay de qué preocuparse. 

No estoy solo.